Lo haremos a mi manera

Enzo

Y fue entonces cuando ella entró.

Descalza. Con una maraña de rizos despeinados por estar recién levantada de la cama. Vestida con una de sus camisas, que apenas rozaba sus muslos —su camisa, maldita sea—colgando de un hombro como si desafiara la gravedad. Sus pequeños shorts apenas vis...

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