Confesión

CAPÍTULO VEINTIDÓS

NADIA

No podía concentrarme en el trabajo. Por más que lo intentara, la imagen me perseguía.

La imagen de Alex, su mano agarrando su pene, los suaves gemidos que escapaban de sus labios. No era la primera vez que lo veía expuesto. Dios sabe cuántas veces los gemelos me habían o...

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