Sabiendo sonreír

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

ALEX DAVALO

¡Nunca subestimes a los débiles!

Lara me había llamado esa tarde, su voz rebosante de emoción.

—¡Hola, Alex! ¿Puedes hacerme un favor? —preguntó, casi demasiado entusiasmada.

Intenté ocultar mi suspiro.

—Depende de qué se trate. Sabes que estoy ocupado ayudan...

Inicia sesión y continúa leyendo