¿Por qué negarlo?

CAPÍTULO CUARENTA Y TRES

ALEX DAVALO

Entré a clase esa mañana con los auriculares puestos, los ritmos familiares zumbando en mis oídos. No tenía ganas de hablar con nadie. Solo quería sentarme, desconectarme y pasar el día. Pero en cuanto me senté, noté que Bethany se acercaba. Su expresión llamó ...

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