Capítulo 6
Punto de vista de Zarelle
El chillido de Amara habría podido hacer añicos los cristales. Aun así, ninguno de los guardias se atrevió a moverse.
Su voz se volvió todavía más aguda.
—¡Beta Aldrin! ¡Salga de ahí ahora mismo!
El beta apareció como un soldado que se adentra en un campo de batalla. Su mirada recorrió la escena: Elsa enseñando los dientes, mis puños cerrados, Amara temblando de rabia.
—Antigua luna. —Aldrin inclinó ligeramente la cabeza ante Amara—. ¿En qué puedo servirla?
Amara nos señaló con un dedo de manicura impecable.
—¡Expulse a estas intrusas! Esa desgraciada... —Su mirada se deslizó hacia mí— renunció a todos sus derechos sobre este territorio, ¡y su amiguita acaba de insultar a una luna!
La mandíbula de Aldrin se crispó al reconocer a Elsa. Cualquier beta que se preciara conocía a la heredera de los Sterling y sabía que, si le ocurría algo, la guerra sería inevitable.
—Con el debido respeto —repuso con una suavidad que no lograba ocultar el acero de su voz—, negarle a la señorita Sterling la cortesía diplomática violaría tres tratados entre manadas. —Desvió la vista hacia los ejecutores que se aproximaban—. A menos que queramos tener a los guerreros de la manada Lightning en nuestras fronteras antes del anochecer.
El rostro de Amara se amorató.
—¿Prefieres ponerte de parte de la puta de un omega antes que de los tuyos...?
—Estoy evitando una guerra entre manadas —la interrumpió Aldrin con voz cortante—. A menos que prefiera explicarle al alfa Calden por qué hemos entrado en conflicto con la manada Lightning.
En cuanto pronunció el nombre de Calden, la bravuconería de Amara se desinfló como un globo pinchado.
—N-no hace falta molestarlo —balbuceó, perdiendo toda su arrogancia—. Está... ocupado con asuntos más importantes que esta basura.
Dejé escapar el aire despacio. No temía volver a enfrentarme a Calden, pero tampoco tenía el menor deseo de buscarme complicaciones innecesarias.
Amara acabó cediendo y se apartó con la misma elegancia que un gato callejero acorralado. Sin embargo, el veneno de su mirada dejaba claro que aquello no había terminado.
—Voy a vigilar cada uno de tus pasos, Stormy.
Escupió el nombre que yo había dejado atrás como si fuera una maldición.
Solté un resoplido y seguí subiendo los escalones de piedra. Mis tacones repiquetearon contra el granito desgastado.
Entonces sentí una presión brusca en la parte baja de la espalda.
Amara.
La antigua luna se había deslizado a mis espaldas. Hundió los dedos en mi cintura e intentó hacerme caer por las escaleras delante de toda la manada.
Pero la mujer rota que había huido de Sunlight Ridge semanas atrás ya no existía.
Mis reflejos mejorados entraron en acción. Giré con un único movimiento fluido y golpeé su antebrazo con el mío, con fuerza suficiente para hacerla trastabillar dentro de su ropa de diseñador.
El efecto fue inmediato.
Los costosos tacones de Amara se engancharon en la piedra irregular. Durante un glorioso segundo, agitó los brazos como un escarabajo volcado...
...y después rodó cinco escalones entre faldas de seda y mechones de cabello enredado.
Un jadeo colectivo recorrió a los miembros de la manada. Alguien reprimió una carcajada.
—¡Pequeña perra! —chilló Amara desde el suelo—. ¿Cómo te atreves a ponerme las manos encima? ¡Omega inútil!
La observé desde arriba con la fría indiferencia de un alfa que evalúa a su presa.
—Me defendí de un ataque, antigua luna. Quizá debería tener más cuidado con dónde pone las manos.
Aldrin corrió a ayudarla a levantarse. El destello de sus ojos me confirmó que lo había visto todo.
Bien.
Eso significaba que no tendría que malgastar palabras dando explicaciones.
El despacho del alfa olía a la colonia de cedro de Calden y a viejas luchas de poder. No me temblaron los dedos cuando recogí los documentos del divorcio. No eran más que otro contrato por romper, igual que tantos otros que había negociado para el imperio de mi familia.
Los sellos en relieve brillaban bajo la luz de la lámpara. Cada uno era una llave hacia mi libertad.
—Perfecto. —La palabra me supo a victoria—. En cuanto a mis pertenencias, quémelo todo.
—¿Está segura? —Aldrin frunció el ceño—. Podría haber objetos con valor sentimental...
—Nada de lo que hay en esta guarida tiene valor para mí —lo interrumpí—. Que las llamas purifiquen todo lo que su contacto corrompió.
Cuando nos volvimos para marcharnos, el beta vaciló.
—Su relación con la señorita Sterling... resulta inesperada para alguien que ocupaba su antigua posición.
Ni siquiera parpadeé.
—Los vínculos verdaderos trascienden las fronteras, beta.
El repentino tropiezo de Elsa estuvo calculado con demasiada perfección. Su tacón de aguja cayó sobre la mano extendida de Amara con precisión quirúrgica. El crujido de los huesos al romperse resonó contra el mármol.
—¡Ay, cielos! —El tono meloso de Elsa rebosaba falsa preocupación—. Qué torpe soy.
Los gemidos de Amara nos persiguieron por el pasillo.
—Esto no ha terminado —dijo entre dientes.
Sin embargo, aquella última amenaza sonaba tan hueca como lo había sido mi matrimonio con Calden.
Se había acabado.
Estaba segura.
Punto de vista de Calden
El enlace mental me sacudió como un golpe físico y puso fin a mi reunión vespertina con los asesores financieros de la manada. Cuando Aldrin habló en mi mente, su voz estaba tensa.
«Alfa, tenemos una situación. Zarelle ha regresado al territorio con Elsa Sterling, de la manada Lightning. Ha ocurrido un incidente con su madre».
La taza de café se hizo añicos entre mis dedos. El corazón empezó a golpearme el pecho, aunque no sabía si se debía al pánico o a algo completamente distinto.
—Se aplaza la reunión —ordené mientras me dirigía a la puerta.
Mientras recorría los pasillos, me repetí que aquella urgencia era puramente práctica. Thessaly debía conservar su posición como mi compañera, y cualquier alteración requería mi intervención. No tenía nada que ver con la forma en que mi lobo había cobrado vida al oír el nombre de Zarelle. Tampoco con el pulso que me martilleaba ante la idea de volver a verla.
Al llegar a la casa de la manada, encontré a mi madre en el pasillo. Las lágrimas le corrían por el rostro mientras se sujetaba la mano.
—Madre, ¿qué ha pasado? —Me arrodillé a su lado.
—¡Ese monstruo! —sollozó, señalando la salida—. Me atacó, Calden. Esa omega despiadada me empujó por las escaleras y luego su amiga me pisó la mano a propósito. ¡Me humillaron delante de toda la manada!
—¿Te empujó por las escaleras? —pregunté, desconcertado.
—¡Con toda la malicia del mundo! ¡Sin que yo la provocara! —La voz de mi madre se elevó—. No es más que una omega maleducada que ha olvidado cuál es su lugar. Y esa amiga suya... ¿Cómo puede una don nadie como Zarelle conocer a alguien de la manada Lightning? Aquí hay algo sospechoso. ¡Debes usar la fuerza para recuperar el dinero que se llevó! ¡Y castigar al beta Aldrin por ponerse de parte del enemigo!
Antes de que pudiera responder, la voz de Aldrin volvió a resonar en mi mente.
«Alfa, debo aclararle lo que ocurrió en realidad. Su madre intentó empujar a Zarelle por las escaleras. Zarelle se defendió y su madre perdió el equilibrio. Lo que hizo la señorita Sterling pareció intencional, pero fue una respuesta a la agresión de su madre».
La revelación me dejó aturdido.
¿Mi madre había intentado hacerle daño a Zarelle?
—Madre... —Mi voz descendió hasta adquirir un tono peligroso—. ¿Hay algo que quieras contarme sobre cómo tratabas a Zarelle mientras duró nuestra unión?
La culpa cruzó sus facciones, aunque enseguida quedó sepultada bajo la indignación.
—Solo le estaba enseñando a esa omega renegada cuáles eran sus responsabilidades como luna. Alguien tenía que inculcarle el respeto y la disciplina apropiados. Las palizas y las reprimendas eran necesarias. Era demasiado salvaje, demasiado independiente.
—¿Palizas? —La palabra apenas fue un susurro—. ¿Golpeaste a mi compañera?
—Tu excompañera —me corrigió con rapidez—. Y sí, cuando se pasaba de la raya. Es deber de la luna mantener el orden entre las mujeres de la manada.
Contemplé a mi madre como si la viera por primera vez.
¿Cuántas veces había acudido Zarelle a mí cubierta de moretones que, según ella, se debía a accidentes durante el entrenamiento?
Las piezas empezaron a encajar y compusieron una imagen que hizo aullar a mi lobo de rabia y de otra emoción que no supe reconocer.
—No volverás a ponerle una mano encima a ningún miembro de la manada —ordené, dejando que la autoridad de mi alfa impregnara cada palabra—. ¿Ha quedado claro?
Sin embargo, mientras me ocupaba del comportamiento de mi madre, otra parte de mi mente seguía concentrada en la información de Aldrin. La amistad entre Zarelle y Elsa Sterling era más que extraña. ¿Cómo se había hecho amiga de la princesa de una de las familias más poderosas de la región una supuesta omega procedente de una manada desconocida?
Y, pese a todo, pese al divorcio y a mi compromiso con Thessaly, una necesidad abrumadora me consumía.
Tenía que encontrar a Zarelle.
Tenía que obligarla, al menos, a disculparse por haberle faltado el respeto a mi madre, sin importar las circunstancias. Era una cuestión de honor para la manada. Una cuestión de mi autoridad como alfa.
Al menos, eso fue lo que me repetí mientras me preparaba para seguir su rastro.
