Capítulo 14 CONFESIONES.

El pato asado estaba ridículamente bueno. La carne se deshacía en la boca y el glaseado tenía el equilibrio exacto de azúcar y sal. Tragué el primer bocado casi sin masticar, ignorando el calor que me quemó ligeramente la lengua.

Sebastián se había sentado en el extremo opuesto del enorme sofá blan...

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