Capítulo 22 EL IDIOTA IMPERTINENTE.

Me volví a sentar en la silla coja, apoyando las manos sobre mis rodillas por debajo de la mesa, ignorando el latido acelerado que todavía sentía en la base de mi cuello.

—Te dije que mantuvieras un perfil bajo —le reproché en un susurro áspero, intentando que mi voz sonara firme y normal para rest...

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