Capítulo 97

Leopold se recostó en su silla, con los ojos fuertemente cerrados.

Lydia estaba tan asustada que apenas se atrevía a respirar. Nunca lo había visto tan enojado antes.

Después de unos minutos, Leopold se calmó un poco y dijo:

—Ve tú. Yo tengo que ir a la oficina.

—Está bien, pero ¿qué pasa con la...

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