Capítulo 7 Siete
Hero
Viene a pasos lentos y temerosos. Su estatura no debe superar los noventa y cinco centímetros, y tiene el cabello extraordinariamente largo, de un color rubio con tonalidades doradas, nada que ver conmigo o su madre. Está bendecida con un rostro angelical, ojos cafés, nariz pequeña y puntiaguda, cejas claras y labios rojizos. Lleva puesto un vestido rosa holgado hasta sus rodillas y un par de zapatillas blancas llenas de piedrecitas brillantes. Sostiene contra su pecho una muñeca castaña con tirabuzones y bata repleta de vuelos, es hermosa.
Se aproxima de la mano de Boris, ella es la única persona que está al tanto de todo, siendo la mejor amiga de Ashley —la madre de la niña—, y trabajando para mí, la noticia le calló de gratis. Boris es transexual, de piel oscura, cabello rizado y cuerpo equipado por cirugías estéticas, cada vez se asemeja más a una mujer hecha y derecha. Es quien ha cuidado de Valeria desde hace dos meses.
Hace un año descubrí, mediante exámenes de ADN, que la pequeña no es mía, justo como lo había pensado.
Valeria es la representación buena de su madre, cosa que de dicha mujer no puedo decir. Desde que la dejó en mi apartamento asegurando que era mi hija no la he escuchado pronunciar palabra alguna, de hecho, siquiera ha podido sostenerme la mirada, ni a mí, ni a nadie.
Ashley desapareció de nuestras vidas, dejó a su hija sin madre y a mí con el corazón hecho pedazos. «¿Ella se fue hace cuánto? ¿Cinco años?». Cinco jodidos años. Me dejó dos días antes de nuestra boda y se apareció cuatro años después con una pequeña que supuestamente era mía. Cuando comprobé que no lo era, se marchó con el mismo misterio con el que llegó. Ella conocía cada línea del testamento de mi padre, intentó sacar provecho de ello y su idea fue tan pésima que descubrí la verdad en menos tiempo del que pudo haber imaginado.
Hoy todavía no supero la maldad de la mujer que pensé amar hace seis años atrás, gracias a ella perdí la fe en los compromisos, y ninguna mujer —a parte de mi madre, mis dos hermanas y Valeria—, es ni será merecedora de mi cariño.
—Hola princesa —le digo a la pequeña rubia parada frente a mí. Me arrodillo sobre el piso del salón de espera y busco captar su atención.
—Valeria, el señor Hero te llevará con él a su súper casa. ¿Recuerdas como te gusta ir allí? —Boris empatiza con ella y dulcifica su voz para brindarle seguridad. Sin embargo, la niña sigue con la mirada perdida.
—¿No quieres ver a Iron? —insisto, ladeo mi cabeza y le sonrío, lastima que no quiera mirarme.
Boris se flexiona un poco y pasa su mano por la cabeza de Valeria, esta reacciona como si le doliera el toque de quién la ha cuidado durante estas últimas ocho semanas, se aparta y murmura cosas que no podemos escuchar con claridad. Al menos sé que puede hablar.
—Nena, ¿y si tomamos helado? ¡Allá en la súper casa hay mucho helado!
—¡¿Helado!? —exclama ante las palabras de Boris y da un par de brinquitos en el mismo lugar. Aún no nos dirige la mirada, pero escucharla hablar es suficiente para estar más tranquilo.
Me pongo de pie y tomo la delantera para salir del salón del juzgado camino a mi auto. Hoy fue uno de los días del papeleo de adopción, ha sido muy difícil conquistar a la jueza para que me dejara visitar a Valeria y llevarla a la residencia de mi familia hasta que el asunto de la custodia estuviera solucionado. Pero, obviamente, una asistente social no se separará de la niña.
Bajamos los escalones y Boris me entrega la maleta de Valeria. Acomodo todo en el maletero y esperamos por la especialista que viajará con nosotros hasta la ciudad. Le recuerdo a Boris no dar detalles del viaje a nadie, mantendremos la mentira de que estuve en Londres por cuestiones de negocios, lo que menos queremos es manchar el nombre de la familia en los periódicos locales.
