Capítulo 2 LA CITA

Jessica

Me bajo del auto de Andrea y camino hacia la empresa con los mejores ánimos del mundo, muy emocionada.

Subo en el ascensor al piso donde se supone que se llevará a cabo mi entrevista y, en el lobby, veo a una mujer sumamente hermosa, como modelo, detrás de su escritorio.

—Soy la nueva pasante de diseño gráfico —digo mientras le muestro mi tarjeta de identificación.

—Espere sentada, señorita Harrison. La pasaré con la señora Lee.

Me siento en el sofá de invitados.

Aparece una mujer asiática muy atractiva y estilizada. ¿Por qué todas las mujeres de aquí parecen modelos, de tallas perfectas? ¡Joder!

Me siento como pez fuera del agua.

—Buenos días, señorita Jessica Harrison.

Soy Yuna Lee, secretaria del señor Black, presidente de la empresa. Acompáñeme, la llevaré a su cubículo.

—Muchas gracias.

Me conduce a una oficina dividida en diferentes cubículos y me muestra uno. Me explica que esa es el área de diseño gráfico para pasantes. Muchas universidades envían a sus mejores estudiantes para ganar experiencia, por lo que deben realizar un proyecto y concursar entre los distintos pasantes. El mejor proyecto tendrá la oportunidad de trabajar a tiempo completo como diseñador de planta en la empresa.

Esto me emociona aún más. Tendría la esperanza de trabajar en esta empresa tan prestigiosa.

Jefa de equipo: Luisa Ortega.

—Iniciamos con el proyecto de moda casual. Entreguen sus mejores propuestas en una semana. Serán seleccionadas por el presidente.

Hora de almuerzo

Escucho una conversación:

—¿Viste al presidente hoy en la mañana en el ascensor? Es un hombre muy atractivo.

—Es uno de los solteros más codiciados.

—Escuché que solo utiliza a las mujeres y que solo sale con modelos.

—Bueno, si me viera como Scarlett Johansson, ya lo hubiera seducido.

Pienso que no puedo creer que estén más pendientes de seducir hombres que de trabajar.

Aunque nunca he estado en una relación y sigo siendo virgen, debo concentrar mis pensamientos en conseguir un trabajo de tiempo completo.

Ya es hora de salida. Voy camino al ascensor cuando recibo una llamada de Andrea.

Ring… Ring…

—¡Tienes que ayudarme, por favor!

—Explícate, no te entiendo.

—Mi madre planeó una cita a ciegas con un tipo y quiero que vayas en mi lugar para rechazarlo. Tú sabes que estoy enamorada de mi novio, pero mi madre no lo acepta y me sigue obligando a salir con empresarios.

—¿Estás loca? ¿Cómo me pides que te suplante?

—Tienes que hacerlo. Haré lo que sea por ti. No puedo presentarme porque estoy en una cita con mi novio y, si no voy, mi madre armará la tercera guerra mundial. Es mejor que el tipo diga que no le gusté y asunto resuelto.

—Tu madre podría darse cuenta. Físicamente somos polos opuestos.

—No lo hará. Solo tiene que ser la peor cita que haya tenido.

—Está bien, pero me deberás una gigantesca. Dame los detalles.

—La verdad olvidé su nombre. Ya sabes que me hago la sorda cuando mi madre me presiona, pero tengo la dirección. Es un hotel de lujo. Hay una reservación a mi nombre.

—Está bien. Solo me cambiaré e iré para allá.

Regreso a casa y me alisto para la cita. Andrea Salgado, en qué problemas me metes.

Es hija de una familia adinerada; su madre es bastante controladora, al punto de querer elegirle marido. Ella está muy enamorada de su novio. Desearía tener mi cuento de hadas, pero en la vida real las chicas gorditas no se quedan con los príncipes.

Suspiro.

Me pongo un vestido rojo satinado, corto y ceñido al cuerpo, que resalta mi figura voluptuosa. Suelto mi cabello y me hago ondas sutiles. Maquillaje ahumado negro, labios rojos y tacones dorados con cinta cruzada.

Tomo un taxi y llego al lugar acordado. Espero en la mesa con un cóctel en la mano.

Christian

Qué día más pesado he tenido en el trabajo. Solo deseo ir a casa a descansar. Al llegar, encuentro a mi madre sentada en la sala de estar. Esta visita inesperada no traerá nada bueno.

—Hijo, vine a visitarte ya que no respondes mis llamadas.

—He estado muy ocupado con la empresa.

—Sí, excusas. Iré al grano: te arreglé una cita con una joven muy hermosa, hija de una de las familias más adineradas de la industria de la moda.

—¿Ahora harás de celestina?

—Sí, porque estás huyendo del matrimonio. Ya tienes 30 años y nunca has tenido una relación estable. Moriré sin conocer a mis nietos.

—Ay, mamá, no seas dramática. No me he casado porque no he encontrado a la correcta. Además, sabes que no me gustan los matrimonios arreglados.

—Al menos conócela. Tal vez sea tu media naranja.

—Eso es muy cursi, ¿lo sabías?

—No quiero que sigas viviendo solo. Ya mereces estar en compañía de una buena mujer.

—Está bien, iré solo para complacerte, pero no prometo nada.

—Sé un caballero, jovencito. Espero noticias.

Se va después de bombardearme con sus exigencias. Amo a mi madre, pero me pide demasiado. No tengo ningún interés en el matrimonio, mucho menos en el amor.

Tomo una ducha y me cambio: traje azul casual de negocios, sin corbata, camisa blanca y tenis blancos.

Me subo a mi Bugatti gris y voy camino al restaurante. Una vez allí, pregunto por la señorita Andrea Salgado. Mi madre me envió todos los detalles de la cita al móvil.

Cuando me acerco, veo a una mujer muy hermosa: cabello rubio, ojos verdes como esmeraldas y labios rojos que combinan con su vestido. Su piel luce exquisita, como bañada por el sol. Sus piernas bronceadas llaman la atención y, cuando se pone de pie para saludarme, noto su cuerpo voluminoso y unas caderas asesinas.

No sé por qué me resulta tan familiar… y tan atrayente.

Me siento como un abejorro atraído por la miel. Deseo probar el dulce néctar que esta mujer emana.

—Hola, buenas noches. Soy Christian Black.

—Hola, soy Andrea Salgado —dice con una mueca en el rostro.

Me sorprende cuando digo mi nombre y ella me da un beso en la mejilla. Su dulce aroma me hipnotiza.

Creo que debo agradecerle a mi madre por esta cita.

—Espero no haber llegado tarde, señorita.

—Descuide, acabo de llegar. Pero deseo ser clara, señor Black: no estoy interesada en matrimonios arreglados y estoy aquí por obligación. Le pediría amablemente que me disculpe y que terminemos esto de inmediato.

—Lástima no estar de acuerdo con usted, señorita.

—La verdad es que me intriga… y me causa mucho interés.

—Debo confesarle que me gustan las mujeres. Soy lesbiana y no tengo interés en hombres. Así que, si me disculpa, me retiraré y espero que le diga a sus padres que esta cita fue una pérdida de tiempo.

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