Capítulo 1 Apresurada.
Catalina entra apresuradamente a la casa, su corazón latiendo con fuerza por la anticipación de volver a estar en un lugar que solía llamar hogar. Sin embargo, al mirar alrededor, una sensación de vacío la abraza. Observa cada rincón esperando ver a Damián, pero algo está mal.
Con paso rápido, se dirige a la habitación que compartían. Su respiración se entrecorta al notar que las prendas de Damián ya no ocupan su lugar en el armario. Un nudo de ansiedad se forma en su estómago mientras el eco de sus pasos retumba en la habitación vacía.
—No puede ser —susurra Catalina, con voz temblorosa, desesperación llenando sus ojos al darse cuenta de la ausencia de las pertenencias de Damián.
Su mente se acelera, tratando de entender lo que está sucediendo. Las emociones se agolpan, luchando por salir. Siente el peso de la promesa cumplida al irse, pero la ausencia de Damián la desconcierta. Las lágrimas amenazan con escapar mientras un sinfín de preguntas invaden su mente, dejándola paralizada por la incertidumbre.
Catalina se aferra a la esperanza de que todo tenga una explicación lógica. ¿Dónde podría estar Damián si no está aquí? El corazón le late con fuerza mientras busca desesperadamente alguna señal, cualquier indicio que le aclare esta confusa situación.
Catalina, con el corazón acelerado y la mente llena de preguntas sin respuesta, sale de su casa casi sin aliento. Corre hacia la casa de Paula, cada paso resonando en su pecho con una urgencia desesperada.
Al llegar, toca la puerta con fuerza, esperando ansiosamente que alguien responda. El corazón le late con fuerza en el pecho, la incertidumbre haciendo estragos en su mente mientras aguarda.
Paula, sorprendida por la insistencia y el estado emocional de Catalina, abre la puerta con rapidez. Al ver el rostro desesperado de Catalina, frunce el ceño con preocupación.
—¡Catalina! ¿Donde has estado? ¿Estás bien? —pregunta Paula, notando la angustia en la expresión de Catalina.
Catalina apenas puede hablar, sus palabras salen entrecortadas por la ansiedad.
—¿Ha hablado Damián contigo? ¡Su ropa ya no está en la casa! No sé qué está pasando, ¿dónde está? —exclama Catalina, buscando desesperadamente algún indicio en el rostro de Paula.
Paula, con gesto preocupado, trata de calmar a Catalina y entender la situación.
—No, Catalina, no se donde fue Damián. ¿Estás segura de que no ha dejado algún mensaje, alguna pista de a dónde pudo haber ido? —pregunta Paula, intentando ayudar en medio de la confusión.
Las lágrimas amenazan con escaparse de los ojos de Catalina mientras intenta pensar con claridad.
—No, no hay nada. Estoy realmente asustada, Paula. ¿Dónde podría estar? Cumplió su palabra, se fue... —balbucea Catalina, luchando por contener la creciente marea de emociones.
Paula, sintiendo la angustia de Catalina, la abraza con cariño, tratando de calmarla en medio de la incertidumbre.
—Vamos a intentar contactarlo, ¿de acuerdo? Tal vez haya dejado algún mensaje o tenga algún motivo para no tener sus cosas aquí. Mantén la calma, vamos a resolver esto juntas —dice Paula, intentando tranquilizar a Catalina mientras piensan en qué hacer a continuación.
Paula, con cautela y empatía, busca las palabras adecuadas para explicarle a Catalina lo que pudo haber sucedido.
—Catalina, creo que Damián se fue porque creyó... creyó que tú elegiste estar con Max —dice Paula con cuidado, sintiendo la tensión en el ambiente.
El rostro de Catalina refleja sorpresa y confusión, sus ojos se abren con incredulidad.
—¡No, eso no es verdad! Yo... Yo tomé la decisión de irme precisamente porque no quería estar con Max. ¡Damián tenía que saberlo! —exclama Catalina, angustiada por la confusión que ha generado su partida.
Paula asiente comprensiva, intentando calmar a Catalina y aclarar la situación.
—Lo entiendo, Catalina. Pero a veces, las emociones nublan nuestro entendimiento. Tal vez hubo malentendidos que contribuyeron a esta situación. Creo que es importante que te comuniques con él para aclarar todo esto.
Catalina, con determinación, saca su teléfono y marca el número de Damián con manos temblorosas. La espera se vuelve agónica mientras el teléfono suena al otro lado de la línea. Después de varios tonos, una voz familiar responde.
—¡Damián! Soy yo, Catalina. Por favor, necesitamos hablar, ¡hay un malentendido muy grande!
La voz de Catalina resuena con urgencia, con la esperanza de que Damián esté del otro lado para escucharla y aclarar las confusiones que los han separado.
La ansiedad de Catalina crece al escuchar el tono del buzón de voz. Su corazón late con fuerza mientras deja un mensaje urgente, rogando a Damián que la llame tan pronto como escuche el mensaje.
—Damián, por favor, escúchame. Hay un malentendido, no elegí estar con Max, ¡te elegí a ti! Necesitamos hablar, aclarar todo esto. Por favor, llámame, estoy aquí, lista para explicarte —expresa Catalina, con voz temblorosa y desesperada.
El silencio del otro lado de la línea es desgarrador. Catalina siente que el tiempo se estira infinitamente mientras espera una respuesta que no llega.
Paula, observando a Catalina en esta situación tan angustiante, le coloca una mano reconfortante en el hombro.
—Catalina, él debe estar pasando por mucho también. Intentemos darle un poco más de tiempo para que procese todo esto. Tal vez necesite espacio para comprender lo que sucedió —dice Paula, intentando brindar consuelo en medio de la incertidumbre.
Catalina, con los nervios a flor de piel y la sensación de desesperación, se siente atrapada en la espera, anhelando una respuesta que traiga claridad a este caos emocional.
Paula, notando el estado emocional de Catalina, la abraza con suavidad, tratando de contener su propia preocupación mientras busca calmar a su hermana.
—Catalina, sé que es difícil, pero trata de respirar profundo. Estoy aquí contigo. Vamos a encontrar una manera de resolver esto, ¿de acuerdo? —dice Paula con voz calmada, tratando de transmitir tranquilidad a Catalina.
Catalina lucha por controlar las lágrimas que amenazan con desbordarse. Con cada respiración, intenta encontrar la calma, pero la incertidumbre y la preocupación por Damián la consumen por completo.
—No sé qué hacer, Paula. Me siento atrapada en este torbellino de emociones. ¿Y si no puedo arreglar las cosas con Damián? —dice Catalina, su voz entrecortada por el miedo y la tristeza.
Paula le sujeta las manos con firmeza, mirándola con empatía y determinación.
—Vamos a encontrar una manera, lo prometo. No estás sola en esto, ¿vale? Sea cual sea la situación, estaremos aquí juntas para apoyarnos —responde Paula, tratando de infundirle ánimo a Catalina en medio de la turbulencia emocional.
Paula, comprendiendo la necesidad de Catalina de encontrar calma en medio de la tormenta emocional, decide traer a Valentina, con la esperanza de que la presencia de la niña pueda reconfortar a Catalina.
—Catalina, ven, deja que Valentina te dé un poco de su alegría —dice Paula con una sonrisa suave, llevando a Valentina hacia Catalina.
Valentina, con sus brillantes ojos curiosos y una sonrisa inocente, extiende sus pequeños brazos hacia Catalina. La niña emite un sonido feliz al ver a una nueva persona en su entorno.
Catalina, conmovida por la dulzura de su hija, apenas puede contener las lágrimas al sostener a la pequeña en sus brazos. La calidez y ternura de Valentina parecen calmar un poco la tempestad emocional que la agita.
—Hola, cariño. Eres tan hermosa —dice Catalina con voz entrecortada, mirando a la niña con una mezcla de emoción y gratitud por ese momento de paz que le brinda.
Valentina, ajena a la tristeza de los adultos, ríe y balbucea, jugando con los mechones de cabello de Catalina con sus pequeñas manos.
Paula observa con ternura la escena, sabiendo que la presencia de Valentina ha logrado llevar un atisbo de serenidad al corazón atribulado de Catalina.
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Catalina se encuentra sentada en el sofá, con la mirada perdida en el horizonte, sumida en un mar de pensamientos que la agobian. El silencio en la casa es ensordecedor. Valentina está jugando a unos metros de distancia, pero la tristeza que embarga a Catalina la hace sentir como si estuviera en un mundo aparte.
Las lágrimas recorren lentamente sus mejillas mientras sostiene una fotografía de ella, Damián y Valentina. Su corazón se aprieta con fuerza al recordar los momentos felices que alguna vez compartieron como familia. El dolor de sentirse abandonada y de enfrentar la crianza de Valentina sola le resulta abrumador.
—No puedo creer que haya hecho esto, Valentina... no entiendo por qué se fue —murmura Catalina en un susurro, con la voz entrecortada por la emoción, sin apartar la vista de la foto.
Valentina, con su inocencia y vitalidad, se acerca a Catalina y le entrega uno de sus juguetes, tratando de animarla. La pequeña intenta llamar la atención de su madre con un brillo de curiosidad en sus ojos.
Catalina, incapaz de evitar sonreír por el gesto de Valentina, se seca las lágrimas y abraza a su hija con ternura, agradecida por tenerla a su lado en medio de la tristeza que la embarga.
—Gracias, mi amor. Siempre estás aquí para hacerme sonreír, ¿verdad? —dice Catalina con cariño, acariciando suavemente el cabello de Valentina.
Valentina, con su risa contagiosa, parece entender que su mamá necesita consuelo y comienza a jugar alrededor de Catalina, trayendo un destello de alegría a la habitación.
Aunque Catalina se siente abrumada por la situación, encuentra en la energía y la inocencia de Valentina un motivo para mantenerse fuerte y seguir adelante, dispuesta a criar a su hija con amor y determinación, a pesar de la incertidumbre del futuro.
