Capítulo 4 Corazón

El corazón de Damián latía con fuerza mientras corría hacia la casa. Había viajado incansablemente toda la mañana, consumido por la desesperación de encontrar a Catalina. Cada paso lo acercaba más a la puerta, pero la preocupación y el remordimiento se entrelazaban en su mente.

Al llegar, su mirada buscó ansiosamente cualquier señal de la presencia de Catalina. El silencio de la casa lo golpeó con fuerza, no había rastro de ella. Un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de que no estaba allí.

El arrepentimiento lo invadió con fuerza. La sensación de haber llegado demasiado tarde se apoderó de él, sumiéndolo en un estado de angustia y preocupación.

Sin dudarlo, decidió investigar en el vecindario, con la esperanza de encontrar alguna pista sobre dónde podría estar Catalina. Cada minuto sin noticias de ella aumentaba su desesperación, sabiendo que su ausencia podía ser consecuencia de su propio actuar.

Con el corazón agitado y la mente llena de preguntas, Damián se embarcó en la búsqueda de Catalina, deseando fervientemente encontrarla y poder disculparse por su ausencia en un momento tan crucial.

Con la esperanza de obtener alguna pista sobre el paradero de Catalina, Damián decidió dirigirse a la casa de Paula, con la esperanza de que ella tuviera alguna información sobre dónde podría estar.

El viaje hacia la casa de Paula se sintió eterno, cada minuto se tornaba agonizante mientras la preocupación y la incertidumbre seguían martillando en su mente. Ansiaba encontrar a Catalina y reparar el error de haberla dejado sola.

Al llegar, Damián tocó la puerta con nerviosismo, esperando con impaciencia una respuesta. Paula abrió la puerta y su expresión de sorpresa fue evidente al ver a Damián allí.

"Damián, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Cuando volviste? Te hemos estado buscando" preguntó Paula, notando la expresión preocupada en el rostro de él.

"Paula, por favor, necesito saber si sabes algo de Catalina. La dejé sola y ahora no puedo encontrarla. Estoy desesperado", dijo Damián con voz angustiada, incapaz de ocultar la preocupación que lo invadía.

Paula se sorprendió por la situación. Tras una breve pausa, respondió: "No, no he sabido nada de ella. ¿Estás seguro de que estas bien? Catalina salio decidida a buscarte"

La respuesta negativa de Paula solo aumentó la ansiedad de Damián. Sin saber qué más hacer, decidió continuar su búsqueda, rogando internamente por encontrar a Catalina a salvo y poder enmendar su error.

"Ella estaba muy preocupada por ti, salió hace dos días a buscarte y no he sabido nada de ella, estoy preocupada"

La revelación de Paula golpeó a Damián con fuerza. El peso de la preocupación se incrementó al saber que Catalina también había estado buscándolo y que había pasado varios días desde su partida.

"¡Casi dos días! No puedo creerlo, he estado fuera mucho tiempo", murmuró Damián, con una mezcla de sorpresa y angustia en su voz. El remordimiento se hizo aún más profundo al darse cuenta de cuánto tiempo había pasado desde que Catalina había emprendido su búsqueda.

La sensación de urgencia se intensificó en Damián. La imagen de Catalina preocupada y buscándolo durante días lo llenó de una sensación abrumadora de culpa. Sabía que debía encontrarla cuanto antes.

"¿Sabes a dónde podría haber ido o qué podría haber estado haciendo?" preguntó Damián con la esperanza de obtener alguna pista que lo acercara al paradero de Catalina.

Paula negó con la cabeza, visiblemente preocupada. "Lo siento, Damián, no tengo idea de dónde podría haber ido. Pero deberías buscarla lo antes posible, está muy preocupada por ti."

Damián agradeció rápidamente a Paula antes de salir apresuradamente, determinado a encontrar a Catalina y asegurarse de que estuviera a salvo. La sensación de urgencia lo impulsaba a actuar rápidamente, deseando con todo su ser poder encontrarla y hacerle saber que estaba bien y que lamentaba profundamente haberla dejado sola durante tanto tiempo.

La carga de la culpa pesaba en los hombros de Damián. No tener ni la más mínima idea de dónde podría estar buscándolo Catalina lo llenaba de una mezcla abrumadora de arrepentimiento y preocupación.

"¿Dónde podría estar? ¿Dónde buscaría?", se preguntaba Damián, abrumado por la falta de pistas. Se reprochaba profundamente por haber causado tanta ansiedad a Catalina, quien, durante días, había estado buscándolo sin éxito.

La idea de que Catalina estuviera tan preocupada por él lo llenaba de un sentimiento abrumador de culpa. Se sentía responsable de haberla sumido en esa angustia, y el remordimiento lo embargaba por completo.

Decidió que no podía quedarse inmóvil. A pesar de la ausencia de pistas, sabía que debía actuar. Comenzaría a buscarla en lugares significativos para su relación, aquellos que consideraban especiales o donde compartieron momentos memorables.

Con determinación, Damián se dispuso a iniciar una búsqueda minuciosa, explorando todos los lugares que Catalina podría asociar con su relación. Anhelaba encontrarla pronto, deseando fervientemente poder disculparse y dejar en claro lo profundamente arrepentido que estaba por haberla preocupado de esa manera.

Con la desesperación y la incertidumbre creciendo, Damián decidió buscar ayuda y llamar a Michael, esperando obtener alguna pista sobre el paradero de Catalina.

Al otro lado de la línea, la voz de Michael resonó con sorpresa al escuchar a Damián. "Damián, ¿qué sucede? Pensé que estabas muy lejos de aquí, hermano"

Con una mezcla de urgencia y ansiedad en su voz, Damián preguntó directamente: "¿Has visto a Catalina? ¿Ella está contigo?"

Michael confirmó la presencia de Catalina: "Sí, ella estuvo aquí. Estaba buscándote. Parecía muy preocupada y decidida a ir a la cabaña del bosque para encontrarte."

La revelación dejó a Damián sin aliento. La confirmación de que Catalina había estado buscándolo y se había dirigido hacia la cabaña en el bosque lo llenó de una mezcla de esperanza y angustia. Sentía una sensación de urgencia por llegar hasta ella lo antes posible.

Agradeciendo a Michael rápidamente, Damián colgó el teléfono y se apresuró hacia la cabaña del bosque, ansioso por encontrar a Catalina y asegurarse de que estuviera a salvo. Cada segundo se sentía crucial en su desesperada búsqueda por reunirse con ella y disculparse por haberla hecho pasar por tal angustia.

El viaje hacia la cabaña se convirtió en una travesía llena de pensamientos tumultuosos para Damián. Mientras manejaba, cada kilómetro lo acercaba más a su anhelo desesperado de encontrar a Catalina, esa sensación de urgencia se mezclaba con un profundo anhelo por reencontrarse con ella.

Los recuerdos compartidos, las risas, las discusiones, todo parecía cobrar un nuevo significado en ese momento. Sentía en lo más profundo de su ser que no quería soltarla nunca más, que su lugar estaba al lado de ella, y esa certeza se fortalecía con cada pensamiento en su camino hacia la cabaña.

El temor a haberla lastimado con su ausencia y la ansiedad por la incertidumbre de no saber cómo ella se sentiría al verlo lo invadían. Pero, sobre todo, el deseo de encontrarla y estar a su lado para asegurarle que estaría allí para ella era lo que llenaba sus pensamientos en ese momento.

Los minutos pasaban como si fueran horas, pero cada segundo era una oportunidad más para reunirse con Catalina y demostrarle cuánto significaba para él. Cada curva, cada recta, eran un paso más hacia el reencuentro que anhelaba con todo su ser.

El deseo de no alejarse nunca más de ella se hacía más fuerte en cada pensamiento. Damián anhelaba estar junto a Catalina, prometiendo no dejarla sola, y esperando que, a pesar de todo, ella aún lo quisiera a su lado.

La esperanza de encontrar a Catalina se encendió en Damián al ver su coche cubierto de nieve afuera de la cabaña. Una sensación de alivio fugaz lo invadió, pero esa sensación se desvaneció rápidamente al no encontrarla dentro de la cabaña.

Con el corazón latiendo con fuerza y una sensación creciente de pánico, Damián llamó desesperadamente a Catalina una y otra vez. Su voz resonaba en la cabaña, pero el eco de sus llamados era lo único que respondía en medio del silencio.

Cada rincón, cada habitación, Damián las exploró con ansiedad, buscando alguna señal de la presencia de Catalina. Su ausencia era abrumadora y el miedo a lo desconocido se apoderaba de él.

El sentimiento de pérdida y preocupación se mezclaban en su interior mientras seguía buscando incansablemente. Cada segundo sin noticias de Catalina aumentaba su angustia y la sensación de impotencia por no poder encontrarla.

Damián se aferraba a la esperanza, deseando fervientemente que Catalina estuviera bien y segura en algún lugar. La incertidumbre de no saber dónde podría estar ella lo sumía en una inquietud abrumadora mientras seguía buscando, sin rendirse en su afán por encontrarla.

Damián, con la determinación de encontrar a Catalina, decidió buscarla en el bosque y sus alrededores hasta que dio con huellas: siguió las huellas en la nieve, desesperado por cualquier pista que pudiera llevarlo hasta ella. Cada marca en el suelo era una esperanza, pero su angustia aumentaba al ver cómo las huellas se perdían a mitad de camino.

El desaliento lo invadía mientras buscaba ansiosamente alguna señal adicional que le indicara hacia dónde podría haber ido Catalina. La incertidumbre lo sumía en un estado de preocupación y desesperación.

De repente, al mirar hacia adelante, Damián se encontró frente a frente con el oso imponente. Un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de la peligrosa situación en la que se encontraba.

El pulso se le aceleró y su respiración se volvió agitada. Con el corazón en la boca, Damián intentó mantener la calma, sabiendo que cualquier movimiento en falso podría desencadenar una reacción del animal.

La adrenalina recorrió su cuerpo mientras trataba de recordar cómo actuar frente a un encuentro con un oso. Los latidos de su corazón resonaban como un eco del miedo que lo invadía en ese momento crítico.

Con el oso frente a él, Damián recordó los consejos le había dado su padre cuando salían de caza. Mantuvo la calma, evitando cualquier movimiento brusco que pudiera interpretarse como una amenaza.

Su mente trabajaba a toda velocidad, evaluando sus opciones en una fracción de segundo. Trató de recordar cómo mantenerse firme sin mostrar agresividad, mientras buscaba una salida a esa situación tensa y peligrosa.

El oso, curioso al principio, comenzó a dar algunos pasos hacia Damián, examinándolo con detenimiento. Los segundos parecían eternos mientras la adrenalina recorría cada fibra de su cuerpo.

En un esfuerzo por no provocar al animal, Damián se mantuvo quieto, intentando parecer lo menos amenazante posible. Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando una solución para salir ileso de esa situación crítica.

El oso, aunque parecía tranquilo, aún mantenía su posición imponente. Damián, consciente del peligro, buscó en su entorno alguna herramienta o elemento que pudiera utilizar para disuadir al oso o al menos mantener cierta distancia.

Con movimientos sutiles, Damián se inclinó lentamente hacia un lado, buscando alcanzar algo que le permitiera defenderse o al menos distraer al animal. Cada movimiento era calculado y preciso, consciente de que un movimiento en falso podía desencadenar una reacción peligrosa.

Finalmente, encontró una rama larga y resistente que yacía cerca de él. Con cuidado extremo, levantó la rama, manteniendo su atención en el oso, buscando una oportunidad para alejarse sin provocar al animal.

El oso, aparentemente más interesado en el entorno que en Damián, dio unos pasos hacia atrás. Aprovechando ese momento, Damián retrocedió lentamente, manteniendo su mirada fija en el oso mientras se alejaba con precaución.

Cada paso hacia atrás era un alivio, pero la tensión seguía latente. Damián mantuvo la calma hasta que estuvo a una distancia segura y pudo darse la vuelta sin apartar la vista del animal, asegurándose de que no lo seguía.

Una vez fuera del alcance del oso, Damián se detuvo para recuperar el aliento y procesar lo que acababa de suceder. La adrenalina seguía bombeando en su cuerpo mientras se alejaba lentamente, asegurándose de no realizar movimientos bruscos que pudieran llamar la atención del oso.

Finalmente, cuando se sintió a salvo, Damián buscó un lugar más seguro, lejos del territorio del oso, para tomar un respiro profundo y recomponerse de la experiencia tan tensa que acababa de vivir.

Agradecido por haber logrado evitar un encuentro más peligroso, Damián se alejó del área con paso firme, manteniendo la vigilancia en su entorno y asegurándose de no correr ningún riesgo adicional en su búsqueda por encontrar a Catalina.

Con cada paso que se alejaba del territorio del oso, la preocupación por Catalina volvía a tomar el centro de sus pensamientos. La urgencia por encontrarla y asegurarse de que estuviera a salvo superaba cualquier otro sentimiento en ese momento.

Decidido a continuar su búsqueda, Damián se alejó del lugar del encuentro con el oso, concentrándose nuevamente en encontrar cualquier pista que lo llevara hasta Catalina. Aunque su corazón aún latía con fuerza por la tensión del momento, su determinación por encontrar a Catalina era inquebrantable.

Con paso firme y una nueva sensación de alerta por el entorno, Damián avanzó, buscando pistas, rastros o cualquier señal que pudiera indicar el paradero de Catalina. La preocupación por ella seguía siendo su motor, impulsándolo a seguir adelante en su incansable búsqueda.

El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados mientras Damián continuaba su búsqueda. Cada minuto sin noticias de Catalina aumentaba su inquietud, pero se negaba a rendirse, sabiendo que debía encontrarla a toda costa.

La luz del día comenzaba a desvanecerse lentamente cuando Damián divisó un destello a lo lejos. Un reflejo en el suelo llamó su atención, y se apresuró hacia allí con la esperanza de encontrar alguna pista sobre Catalina.

Al acercarse, descubrió una pulsera brillante, la misma que Catalina solía llevar siempre consigo. Un escalofrío recorrió su espalda al verla allí, abandonada en el suelo, pero eso también le dio una pista de que estaba en el camino correcto.

—¿Donde estas, mi amor?

La pulsera era un signo de esperanza para Damián. Sabía que estaba cerca, que se estaba acercando cada vez más a encontrar a Catalina. Con renovada determinación, tomó la pulsera y siguió el rastro que parecía indicar el camino que ella había tomado.

La noche empezaba a cubrir el bosque con su manto oscuro, pero Damián no dejó que eso lo detuviera. Guiado por la esperanza y la pulsera como una luz en la oscuridad, continuó avanzando, consciente de que cada paso lo acercaba más a reencontrarse con Catalina.

La ansiedad y la preocupación seguían presentes, pero el hallazgo de la pulsera le dio un impulso renovado. Siguiendo el rastro, se adentró más en el bosque, decidido a no detenerse hasta que estuviera junto a ella, asegurándose de que estuviera a salvo y disculpándose por su ausencia.

Cada paso era un eco de determinación en su interior. Damián estaba dispuesto a enfrentar cualquier obstáculo para llegar hasta Catalina. La noche no lo detendría en su búsqueda, y la esperanza de encontrarla a salvo era su guía en esa oscuridad.

Con la pulsera en su mano como un amuleto de esperanza, Damián continuó adentrándose en el bosque, siguiendo el rastro que parecía conducir hacia Catalina. A pesar de la oscuridad que lo rodeaba, su determinación por encontrarla solo se fortalecía con cada paso que daba.

El celular de Damián suena y rápidamente contesta.

—¿Hola?

—¡Damian! —es Paula—Por fin contestas.

—Acá no hay señal, Paula. ¿Tienes alguna noticia de Catalina?

—Si, me llamó diciendo que Carlos la traería de vuelta a casa así que deberías estar aquí cuando vuelva.

—¿Carlos? —fruncí el ceño—¿Y por qué estaba con ella?

—Creo que su coche se atascó de nieve y por eso la trajo. Da igual, Damián, vuelve pronto.

—Está bien. Gracias por avisarme.

Ante la noticia de que Catalina está en camino a casa con Carlos, Damián probablemente experimentaría una mezcla de emociones. Por un lado, sentiría un inmenso alivio al saber que ella está bien y que está regresando. Sin embargo, su corazón también se llenaría de incertidumbre y preocupación por cómo sería su encuentro después de todo lo sucedido.

La sensación abrumadora de alivio lo invadiría, pero también la ansiedad por enfrentar a Catalina después de haberla dejado sola durante tanto tiempo. Agradecido por saber que ella está a salvo, Damián se prepararía mentalmente para el momento en que ella regrese a casa.

Podría sentirse abrumado por la necesidad de disculparse y explicarle sus acciones, expresando su profundo remordimiento por haberla preocupado tanto. Estaría ansioso por reconectar con ella, asegurándose de que sepa cuánto significa para él y cuánto lamenta haberla dejado sola.

Damián, con la mente llena de pensamientos sobre el regreso de Catalina, se acercaba decidido al coche en la oscura noche. Cada paso que daba hacia su vehículo era un intento por partir y resolver las cosas con Catalina lo más pronto posible.

Sin embargo, cuando estuvo a punto de abrir la puerta del coche, una voz lo detuvo en seco.

"Damián, ¿tan rápido te vas a marchar?" dijo una voz conocida.

Damián se giró lentamente, y allí, iluminada por la débil luz de la cabaña, estaba Mónica. Su sonrisa deslumbrante y su presencia repentina eran como un obstáculo inesperado en su camino.

"Mónica, ¿qué estás haciendo aquí?" preguntó Damián, con una mezcla de sorpresa y preocupación. Sabía que la presencia de Mónica en ese momento no auguraba nada positivo.

Ella se acercó con una sonrisa enigmática. "Solo quería asegurarme de que estés bien, Damián. He oído hablar de tu repentino regreso y pensé que podríamos conversar un poco".

La expresión de Damián se tornó seria. La presencia de Mónica en ese momento tan crucial lo ponía en alerta, sabía que sus intenciones solían ser más complicadas de lo que aparentaban.

"No es un buen momento, Mónica. Tengo asuntos que resolver y debo partir", respondió Damián, tratando de mantener la compostura, pero su nerviosismo era evidente.

Ella se acercó un poco más, su sonrisa nunca se desvanecía. "Oh, Damián, siempre tan ocupado. ¿No puedes tomarte un momento para charlar conmigo? No sería largo, te lo prometo".

Damián se sentía atrapado. Sabía que Mónica podía ser persuasiva y persistente cuando quería algo. Sin embargo, en ese momento, su prioridad era aclarar las cosas con Catalina, no lidiar con los juegos y las complicaciones que solía traer Mónica consigo.

"Lo siento, Mónica, pero realmente debo irme. Tengo asuntos pendientes", insistió Damián, intentando desviar la situación.

Ella parecía no querer aceptar un no por respuesta. "Solo unos minutos, Damián. Prometo que no te arrepentirás", dijo con una mirada llena de misterio.

Damián se sentía atrapado entre su necesidad de resolver las cosas con Catalina y la persistencia de Mónica. Una sensación de inquietud se apoderó de él, sabiendo que cada minuto que pasaba con Mónica era un minuto menos para encontrar a Catalina y aclarar las cosas con ella.

El dilema lo invadía. Mientras miraba de reojo hacia el coche, se debatía internamente sobre cómo lidiar con esa situación inesperada. La urgencia por irse chocaba con la curiosidad y el recelo ante lo que Mónica pudiera querer discutir en ese momento crucial.

Ante la insistencia de Mónica, Damián se sentía dividido entre su necesidad de partir y el misterio que ella representaba. Con un suspiro resignado, decidió darle unos minutos, esperando que no demorara mucho en su charla y pudiera continuar con lo que realmente le importaba en ese momento: encontrar a Catalina.

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