Capítulo 5 Nieve

Catalina se encontraba en el apartamento de Carlos, recorriendo la habitación de un lado a otro, con la mirada perdida y la preocupación marcada en su rostro. Cada paso que daba era un eco de su inquietud, sumergida en pensamientos sobre el paradero de Damián.

Carlos, sentado en el sofá, observaba a Catalina con preocupación. Podía percibir la angustia en su expresión y estaba determinado a levantarle el ánimo en un momento tan difícil.

"Cata, sabes que Damián es un tipo fuerte. Seguro está bien y tendrá una explicación para su ausencia", dijo Carlos, tratando de infundirle algo de calma.

Catalina se detuvo por un momento, pero su semblante reflejaba una profunda preocupación. "Carlos, es que no entiendo. Él desapareció de repente, sin dejar rastro. Y no tengo ni idea de dónde podría estar", expresó con voz angustiada.

Carlos se levantó y se acercó a Catalina, colocando una mano reconfortante en su hombro. "Lo entiendo, Cata. Pero tal vez haya tenido algún problema o situación urgente que atender. Estoy seguro de que pronto se pondrá en contacto contigo".

Catalina asintió, agradeciendo el gesto de Carlos. Aunque intentaba mantener la esperanza, la preocupación seguía latente en su interior. La incertidumbre sobre la situación de Damián la tenía sumida en un estado de constante inquietud.

"Lo sé, Carlos, pero es tan difícil no saber nada de él. Y ha pasado tanto tiempo...", murmuró Catalina, con un dejo de frustración en su voz.

Carlos la abrazó con ternura, intentando reconfortarla en medio de su preocupación. "No te preocupes, estaremos aquí para ti. Seguro que Damián aparecerá pronto y todo se aclarará", dijo con optimismo, tratando de infundirle ánimos.

Catalina se apoyó en el abrazo de Carlos, agradecida por su apoyo en ese momento complicado. A pesar de sus esfuerzos por mantener la calma, la incertidumbre sobre Damián seguía pesando en su corazón, dejándola sumida en una mezcla de preocupación y ansiedad.

Los minutos pasaban lentamente mientras ambos compartían un momento de consuelo. A pesar de la preocupación de Catalina, el gesto de apoyo de Carlos le brindaba cierta calma en medio de la incertidumbre sobre el paradero de Damián.

En ese instante, Catalina trató de recomponerse, decidiendo enfocarse en mantener la esperanza y confiar en que Damián regresaría pronto. Aunque su preocupación seguía latente, intentó mantener la fe en que las cosas se resolverían de alguna manera.

Carlos se mantuvo a su lado, ofreciéndole su apoyo y compañía, consciente de que aquel momento era un desafío para Catalina. Juntos, esperaron con paciencia y la certeza de que Damián eventualmente se pondría en contacto y aclararía la situación.

Catalina, intrigada por el cambio en la actitud de Carlos hacia Damián, decidió abordar el tema con curiosidad pero con tacto.

"Carlos, ¿puedo preguntarte algo?" dijo Catalina, con un tono de curiosidad en su voz mientras se apartaba ligeramente del abrazo.

"Claro, Cata, dime", respondió Carlos, mirándola con atención.

"Antes solías tener una opinión muy marcada sobre Damián. Recuerdo que solías... bueno, no caerle muy bien", dijo Catalina, buscando las palabras adecuadas para plantear su pregunta.

Carlos se quedó en silencio por un momento, reflexionando sobre cómo responder. Luego, con una sonrisa suave, respondió: "Es cierto. No solía llevarme bien con él en el pasado. Pero, ¿sabes?, las cosas cambian, las personas también".

Catalina asintió, esperando que continuara.

"Me di cuenta de que, al final del día, Damián es alguien importante para ti. A pesar de nuestras diferencias, creo que no hay razón para mantener un resentimiento hacia él", explicó Carlos, con serenidad en su voz.

Catalina lo miró con sorpresa y agradecimiento. "Gracias, Carlos. Realmente aprecio que puedas dejar eso atrás y apoyarme en todo esto", expresó con gratitud en su tono.

Carlos sonrió con calidez. "Eso es lo que los amigos hacen, ¿no? Estoy aquí para ti, Cata, pase lo que pase", dijo con sinceridad.

Catalina asintió, sintiéndose reconfortada por la comprensión y apoyo de Carlos en ese momento complicado. Apreciaba su disposición para dejar atrás las diferencias del pasado en favor de su amistad y de estar ahí para ella cuando más lo necesitaba.

La conversación los unió aún más, fortaleciendo su amistad y generando un nuevo sentido de apoyo mutuo en medio de la incertidumbre sobre Damián. Juntos, decidieron esperar con paciencia y mantener la esperanza de que todo se aclararía pronto.

Carlos, con delicadeza pero con curiosidad, decidió abordar el tema con Catalina.

"Oye, Cata, he notado que últimamente no te veo mucho con Max. ¿Todo está bien entre ustedes?" preguntó Carlos, preocupado por la relación de su amiga.

Catalina tomó aire antes de responder, apreciando la preocupación genuina de Carlos. "Bueno, las cosas entre Max y yo han estado un poco difíciles últimamente. Hemos tenido diferencias sobre algunos aspectos de nuestra relación", explicó con sinceridad.

Carlos asintió, animándola a hablar si se sentía cómoda haciéndolo. "¿Puedo preguntar qué ha estado pasando? Siempre estás allí para mí, y me preocupa si algo te está afectando", dijo con amabilidad.

Catalina apreció la preocupación de Carlos y decidió compartir un poco más. "Max y yo hemos estado pasando por algunas discrepancias en cuanto a nuestras expectativas en la relación. Ha habido momentos en los que no hemos estado completamente en la misma página", explicó con sinceridad.

Carlos escuchó atentamente, respetando su espacio pero dispuesto a ofrecer apoyo si lo necesitaba. "Entiendo. Las relaciones pueden ser complicadas. Si necesitas hablar sobre esto o algo más, sabes que siempre estoy aquí para ti", expresó con calma.

Catalina asintió con gratitud. "Gracias, Carlos. Es un alivio tener a alguien con quien hablar sobre esto", respondió, agradecida por la disposición de Carlos para escucharla.

La conversación fortaleció su amistad, brindándole a Catalina un espacio para hablar sobre sus preocupaciones en un momento en el que las cosas con Max no estaban del todo bien. Apreciaba tener a alguien como Carlos para apoyarla en medio de las dificultades que atravesaba en su relación.

Catalina y Carlos llegaron a casa de Paula con una mezcla de emociones. Catalina, llena de ansiedad por ver a  Valentina después de tanto tiempo, apenas esperó a que Paula abriera la puerta para correr hacia la habitación del bebé.

Carlos, sonriendo ante la emoción de Catalina, siguió tras ella, observando cómo su amiga se dirigía directamente hacia la habitación de Valentina.

Paula, al ver llegar a sus amigos, les dio la bienvenida con una sonrisa. "¡Hola chicos! Qué bueno verlos, ¿cómo están?" exclamó, notando la prisa de Catalina por ver a Valentina.

"¡Hola Paula! Estamos bien, gracias. Catalina está emocionada por ver a Valentina", respondió Carlos con una sonrisa mientras observaba cómo Catalina desaparecía rápidamente por el pasillo.

Catalina, al llegar a la habitación de Valentina, se encontró con la pequeña dormida plácidamente en su cuna. Sus ojos se llenaron de emoción y ternura al verla, y con suavidad acarició la cabecita de la bebé.

"¡Valentina! ¡Te he extrañado tanto, pequeña!", susurró Catalina con una sonrisa tierna, disfrutando de ese momento especial que había anhelado durante tanto tiempo.

Carlos, desde la puerta, observaba con cariño la escena, viendo la conexión especial que Catalina tenía con la pequeña Valentina. La emoción y el afecto que irradiaba Catalina al ver a la bebé llenaban la habitación de una energía cálida y emotiva.

Paula se unió a ellos, observando con alegría la conmovedora escena. "Catalina, se nota que Valentina te extrañó también. La has hecho sonreír dormida", comentó Paula, emocionada por la emoción de su amiga.

Catalina, sumida en la felicidad de ver a Valentina, sonrió emocionada. "Ella es mi vida, la única que me hace seguir aedelante. La extrañé muchísimo", dijo con suavidad, sintiendo un vínculo único con la pequeña.

El ambiente se llenó de ternura y afecto mientras Catalina, Carlos y Paula compartían ese momento especial con Valentina, disfrutando de la conexión especial que tenían con la dulce bebé. La emoción y el cariño colmaron la habitación, creando un momento de felicidad y calidez que atesorarían en sus corazones.

Carlos, tras compartir un momento entrañable con Catalina y Paula, decidió despedirse, consciente de que había llegado el momento de partir.

"Chicas, ha sido genial pasar este tiempo juntos, pero tengo que irme", dijo Carlos, expresando su gratitud por la acogedora tarde que habían compartido.

Paula asintió con una sonrisa. "Claro, Carlos. Gracias por venir, siempre es un placer tenerte aquí", respondió con calidez.

Catalina, todavía disfrutando del tiempo con Valentina, asintió con una sonrisa. "Gracias por venir, Carlos. Fue genial verte", dijo con gratitud mientras sostenía a la pequeña Valentina en sus brazos.

Carlos se despidió con un gesto cariñoso hacia Valentina. "Cuiden mucho a esta pequeña y nos vemos pronto", expresó con amabilidad antes de dirigirse hacia la puerta.

Las chicas se despidieron con afecto, agradeciendo la visita de Carlos y deseándole un buen regreso a casa. Con una sensación de calidez en el corazón, se despidieron, sabiendo que siempre había un lazo especial entre ellos que los unía.

La nieve crujía bajo los pasos de Damián mientras caminaba hacia la cabaña. La luz titilante del interior se filtraba por las rendijas de las persianas entreabiertas, creando una atmósfera misteriosa y tensa. Cada paso que daba hacia la entrada era cauteloso, su mente llena de recelos y dudas sobre lo que Mónica podría querer.

Al llegar a la puerta, Damián miró a su alrededor, evaluando rápidamente las posibles salidas en caso de necesidad. Con un respiro profundo, empujó la puerta entreabierta y entró a la cabaña.

El interior estaba cálido, iluminado por una sola lámpara que colgaba del techo. Mónica estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia afuera como si esperara algo. Al escuchar a Damián entrar, se giró lentamente con una sonrisa enigmática en el rostro.

"Damián, qué bueno que estás aquí", dijo ella con tono suave, pero sus palabras resonaron con una extraña intensidad en la habitación.

Damián cerró la puerta detrás de él, manteniendo una distancia prudente. "Mónica, ¿qué es lo que quieres? Tengo asuntos urgentes que resolver."

Ella se acercó con pasos lentos, sus ojos fijos en los de Damián. "Es algo importante, algo que necesitas saber", respondió misteriosa.

La desconfianza era palpable en el aire. Damián se mantuvo alerta, listo para cualquier giro inesperado en la conversación. "Habla rápido entonces, no tengo mucho tiempo", dijo, su tono firme y decidido.

Mónica asintió, pero su sonrisa persistía, casi como si estuviera disfrutando la incomodidad de la situación. "Es sobre tu búsqueda de Catalina. Tienes que saber algo crucial."

Damián frunció el ceño, sus sentidos agudizados. "¿Qué sabes sobre Catalina? ¿Por qué debería creerte ahora?"

La mirada de Mónica cambió, una mezcla de sorpresa y frustración cruzó por sus ojos. "Damián, esto es serio. No tengo tiempo para juegos", exclamó, intentando parecer convincente.

El ambiente se llenó de tensión. Damián no estaba dispuesto a caer en una trampa. "No voy a ser parte de tu juego, Mónica. Si tienes algo relevante sobre Catalina, dilo ahora o déjame ir", declaró con firmeza.

El silencio se apoderó de la habitación por un momento tenso. Mónica miró a Damián con intensidad, como evaluando sus opciones. Finalmente, suspiró y dijo: "Está bien, si así lo quieres. Pero no digas que no te lo advertí".

Con un gesto de frustración, Damián se dio la vuelta y salió de la cabaña. Cada paso hacia afuera era un alivio, pero la urgencia por encontrar a Catalina lo impulsaba a seguir adelante, ignorando las artimañas de Mónica.

Una vez afuera, se enfocó en retomar su búsqueda, su mente centrada en encontrar a Catalina y asegurarse de que estuviera a salvo, dejando atrás la inquietante interacción con Mónica.

Damián no pudo ir más lejos porque sintió un golpe fuerte en su cuello que lo dejó inconsciente. Había sido Mónica quien lo había golpeado. Con Damian sin poder defenderse Monica lo arrastra hacia la cabaña de nuevo, encierra a Damian en la habitación, sintiéndose victoriosa por haber conseguido estar con el tan fácilmente.

La habitación donde Damián se encuentra encerrado era pequeña y apenas tenía muebles. Las paredes desnudas y el suelo de madera crujían ligeramente bajo sus pies mientras inspeccionaba cada rincón en busca de una posible salida.

El dolor persistente en su cabeza lo mantenía alerta, pero su determinación por escapar y encontrar a Catalina era más fuerte que nunca. Se acercó a la única ventana de la habitación, observando el exterior cubierto por la oscuridad de la noche.

"Monica! Abre la puerta"

Intentó abrir la ventana, pero estaba sellada herméticamente. La frustración aumentaba con cada intento fallido. Miró alrededor en busca de cualquier objeto que pudiera usar para forzar la cerradura o romper la ventana, pero la habitación estaba vacía, sin nada más que unos muebles antiguos y un colchón desgastado.

Decidió probar con la puerta nuevamente. Empujó con fuerza, tratando de hacer palanca con sus manos, pero no cedió ni un milímetro. Cada intento era en vano y la sensación de estar atrapado se intensificaba.

La mente de Damián trabajaba a toda velocidad. Recordaba cada detalle de la cabaña, buscando alguna pista o debilidad en la estructura que pudiera ayudarlo a escapar. A medida que la desesperación crecía, su determinación se fortalecía.

Se detuvo un momento, cerró los ojos y respiró profundamente. Concentrado, buscó algún ruido, alguna señal del exterior que indicara presencia humana. Pero todo estaba sumido en un silencio perturbador, solo interrumpido por el susurro del viento afuera.

Pasaron las horas y Damián seguía atrapado, agotando cada recurso y estrategia posible. La necesidad de encontrar a Catalina se convertía en su motivación más fuerte, impulsándolo a no rendirse.

Finalmente, agotado pero no vencido, se sentó en un rincón de la habitación. Su mente seguía trabajando, planeando su próximo intento de escapar mientras mantenía viva la esperanza de que alguien, en algún momento, lo rescataría de ese encierro impuesto por Mónica.

El grito de Damián resonó en la habitación, lleno de frustración y enojo, mientras intentaba hacer entender a Mónica la urgencia de la situación. "¡Mónica, déjame salir! ¡Necesito encontrar a Catalina! ¡Esto no es una broma!"

Su voz se desvaneció en la oscuridad de la habitación, pero Mónica no mostró señales de ceder. Desde fuera, su voz se escuchó con una tranquilidad inquietante. "Ahora, nadie podrá separarnos, Damián. Hay cosas que necesitas entender antes de seguir adelante."

La respuesta de Mónica envió escalofríos por la espalda de Damián. Su enojo se mezclaba con una creciente sensación de desesperación. Cada intento por persuadir a Mónica era en vano, y su determinación por encontrar a Catalina chocaba con la implacable decisión de Mónica de retenerlo.

Damián se aferró a la esperanza de que alguien más pudiera escuchar sus gritos, pero el silencio de la cabaña era abrumador. Su mente trabajaba a toda velocidad, ideando nuevas estrategias para liberarse mientras mantenía viva la esperanza de que, de alguna manera, lograría salir y continuar su búsqueda.

La tensión en la habitación era palpable. Damián, atrapado en un encierro impuesto por Mónica, se encontraba en una lucha interna entre la necesidad urgente de encontrar a Catalina y la frustración por la obstinada negativa de Mónica a dejarlo salir. Con cada minuto que pasaba, su determinación por escapar se fortalecía, alimentada por la firme convicción de que encontraría una manera de liberarse y seguir adelante en su búsqueda desesperada por Catalina.

La desesperación de Damián se intensificaba mientras cada intento por escapar parecía ser en vano. Golpear la puerta con fuerza solo le causaba dolor en el pie, sin hacer la menor mella en la cerradura sólidamente cerrada.

"Eres una demente, te arrepentirás de esto"

Miró alrededor, buscando algún objeto que pudiera usar como palanca o herramienta para forzar la cerradura, pero la habitación estaba completamente desprovista de cualquier cosa que pudiera servirle.

La frustración y la impotencia lo abrumaban. Cada golpe contra la puerta resonaba en la habitación, reflejando su desesperación por liberarse, por encontrar a Catalina, pero todo parecía conspirar en su contra.

El tiempo seguía pasando, cada segundo en esa habitación se convertía en una eternidad. Damián, agotado y sin saber qué más hacer, se sentó en el suelo, su mente luchando por encontrar una solución mientras la urgencia por encontrar a Catalina lo impulsaba a no rendirse.

Monica salió de la cabaña y se dirigió al auto de Damián. En el se dirigió a la tienda más cercana. Su plan de mantener a Damián sedado sería puesto en marcha.

"Pastillas para dormir por favor" dijo.

El sonido del motor del coche rompió el silencio de la noche cuando Mónica regresó a la cabaña con provisiones. Su rostro inexpresivo reflejaba una determinación fría mientras se dirigía hacia la puerta principal, llevando consigo las pastillas para dormir y la comida.

Sin mostrar ni un ápice de remordimiento o compasión, Mónica entró en la cabaña con una tranquilidad inquietante. El tintineo de las llaves resonó en la habitación cuando cerró la puerta detrás de sí, asegurándose de que ningún ruido o señal de su presencia fuera detectado desde afuera.

Con un gesto de determinación, comenzó a preparar las pastillas, organizando la comida y planificando su próximo paso. La quietud de la habitación se vio interrumpida por el sonido de las pastillas chocando en el recipiente, creando una atmósfera llena de tensión y anticipación.

Mónica parecía completamente indiferente a las consecuencias de sus acciones. Su plan estaba claro y su determinación por mantener a Damián en esa habitación parecía inquebrantable. La oscuridad de la cabaña y la quietud que la envolvía contrastaban con la frialdad de los actos de Mónica, quien continuaba con sus preparativos como si estuviera siguiendo un guion predefinido.

Mientras organizaba las cosas, su mirada recorría la habitación con una frialdad que enviaba escalofríos por la espalda. Cada movimiento estaba calculado, cada paso meticulosamente planeado para asegurarse de que su objetivo se llevara a cabo sin contratiempos.

Damián, atrapado en su encierro, no sabía qué sucedía afuera. Su mente estaba completamente enfocada en encontrar una salida, en escapar y continuar su búsqueda por Catalina, pero la presencia de Mónica en la cabaña añadía una capa más de inquietud y peligro a su ya desesperada situación.

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