Capítulo 8 8

Miré de reojo al asiento del copiloto. Mía seguía con los ojos cerrados, fingiendo dormir, pero el ritmo acelerado de su respiración delataba que estaba perfectamente despierta.

Sentí un peso amargo en el estómago. Sabía que la había lastimado. Mis palabras antes habían sido crueles, cargadas de un...

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