Capítulo 31 El trato que sigue en pie

Nicolás volvió a mediodía, solo, con una sonrisa que se le ensanchó apenas me vio sentada en la cocina, todavía en pijama, esos ojos verdes que había heredado de su madre iluminándose con una calidez genuina.

—¿Cómo estuvo tu mañana? —preguntó, sirviéndose un café, sin preguntar nada más específico...

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