Capítulo 90 La derrota inaceptable

El silencio que se instaló en la sala de juntas fue tan denso y absoluto que el leve roce de la yema de los dedos de Damián contra la pantalla de mi teléfono sonó como un estruendo. Sus ojos marrón oscuro, habitualmente tan calculadores, tan llenos de una arrogancia inquebrantable que parecía inmune...

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