Capítulo veintiséis: Ezra

Un fuerte golpe en mi puerta me despertó de un sueño placentero, y me levanté de la cama para abrir sin darme cuenta de que el otro lado del colchón estaba frío y vacío.

—Jesús, Ezra, ya casi es mediodía —dijo mi hermano, empujándome para entrar en la habitación. Yo estaba desnudo salvo por un par ...

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