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ROCELLO
—No hables mal de los muertos, niño—. Una abuela en una de mis breves estancias con una familia de acogida había dicho eso. Era una vieja gruñona, pero tenía razón. Los muertos eran de alguna manera inocentes. Eran los vivos los que causaban todos los problemas. Pocos de ellos eran decentes...
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