Capítulo 42 Mis anhelos

Al caer la noche de aquel mismo día, y después de que el hombre de ojos rojos se marchara por la ventana, Cintia ya estaba lista para dormir. Se había recogido el cabello, se había puesto el camisón de lino y se había metido entre las sábanas, pero el sueño se negaba a llegar. Su mente repasaba, con...

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