Estamos un poco inquietos, ¿no?

Él estaba allí, mirándome fijamente. No, mejor aún, fulminándome con la mirada, esos ojos avellana destellaban fuego. Además de toda la ira y los celos que transmitía, había algo peor. Se sentía traicionado, y Teague había herido su orgullo. Ya estaba empezando a conocer a mi gran hombre, la forma e...

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