Dos pájaros, un tiro.

Tres días sin dormir, tres días sin hambre, tres malditos días en los que quería desaparecer. Apreté a Arabel para entender qué le pasaba, pero la pequeña bribona no mordió el anzuelo. Así que puse a Zale a vigilarla desde lejos. Él era el mejor para el trabajo. Sería su sombra y ella ni siquiera lo...

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