Miedo, angustia, vergüenza

No sabía cómo unas manos tan grandes podían ser tan delicadas y acariciaban mi piel sonrojada con una ternura exquisita. Sus dedos se deslizaban sobre mi cuerpo con un toque ligero como una pluma, haciéndome cosquillas y excitándome, haciéndome jadear. Me recostó en el colchón y se tumbó sobre mí, t...

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