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—¿Qué más hizo?— Las palabras retumban desde mi pecho mientras mi control empieza a desvanecerse.

Ella niega con la cabeza. —Nada que deje una marca permanente.— Mi ira aumenta diez veces, pero exteriormente me veo calmado.

—¿Qué más?— exijo.

Sus manos están entrelazadas en su regazo, sus hombros...

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