Capítulo 40

Me llevaron a mi habitación, todavía encadenada, y siempre acompañada. Sabía que algo diabólico estaba ocurriendo para justificar que me sacaran de la cárcel. Pero estaba bien, ya no sentía nada, ni siquiera al ver lo que parecía una bañera en mi cuarto. Cuatro imbéciles y dos guardias para asegurar...

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