Capítulo 25 Aguanta, Kaelen

La inscripción grabada en la plata fría seguía ardiendo contra la piel de su muñeca como un hierro candente. «No me rendí. Espérame». Tres palabras. Un ancla clavada en medio del naufragio. Durante el resto de la tarde, Elara se había aferrado a esa frase con la desesperación de un náufrago sujetánd...

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