Capítulo 30 Bienvenidos a casa, tortolitos

El amanecer los sorprendió todavía enredados en el refugio de piedra del guardabosques, pero la paz no duró más que el tiempo que tardó el teléfono satelital de Kaelen en vibrar contra las mantas con un zumbido insistente, casi furioso.

Kaelen se incorporó de golpe, con el torso desnudo todavía...

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