Capítulo 1 Nos Vemos en el Altar

Damian Kingsman se ajustó la corbata de su traje a la medida, mientras observaba el documento desplegado sobre el escritorio. No podía creer que su padre lo estaba poniendo en una situación que él evitó todo ese tiempo.

A sus treinta años, Damian era el imperio hotelero en persona: implacable, calculador y perfectamente atractivo. Sin embargo, su padre, le había puesto un obstáculo absurdo para cederle la presidencia definitiva del consorcio; casarse con la hija de un antiguo socio caído en desgracia.

¿Cómo rayos eso tenía sentido cuando su familia siempre había hecho cualquier cosa para enaltecer el apellido?

—Es ridículo —gruñó Damian, sirviéndose un vaso de whisky—. Mi padre insiste en esa chica solo por un viejo pacto de lealtad. ¿Pretende que me case con alguien de una posición social inferior solo para saldar una deuda del pasado? Creo que mi padre ha perdido la cabeza.

—Tu padre no dará el brazo a torcer, Damian —respondió el abogado de la familia—. Para él, el apellido de Chloe representa el honor de cuando el grupo hotelero no era nada. Además, la junta directiva exige que cumplas la condición del patriarca antes de la reunión de ratificación del próximo mes. Sin bodas, no hay presidencia. ¿Qué decisión vas a tomar? Todo dependerá de ti y de cuánto quieres realmente llegar a la presidencia.

—¿Es lo único que puedo hacer, no hay otra manera?

—Me temo que no, sin embargo puedes estar seguro de que no estarás atado para siempre a este matrimonio, si sabes tomar buenas decisiones, entonces podrás divorciarte lo más pronto posible.

El hombre tenía los ojos azules llenos de una molestia desmedida y justo cuando iba a decir algo, la puerta de la oficina se abrió de golpe.

Chloe entró con la cabeza en alto, aunque sus manos apretaban con fuerza la correa de su bolso. A pesar de vestir de forma sencilla, su belleza natural y la dignidad en su postura no pasaron desapercibidas. No era una mujer dócil que se dejaba pisotear por los demás, incluso si la suerte de su familia hace años que había terminado de desmoronarse.

—Buenos días, ya estoy aquí, señor Kingsman.

—Llegas a tiempo, Chloe —señaló Damian, caminando hacia ella sin romper el contacto visual—. Supongo que sabes perfectamente por qué estás aquí.

Ambos, nunca se habían cruzado en persona, no que ella recordara, pero el hombre estaba hablándole como si fueran conocidos de hace tiempo y eso de alguna forma se volvió chocante para Chloe.

—Sé muy bien por qué me llamó su padre, señor Kingsman —soltó Chloe con voz sin teblores, ocultando el nudo en su garganta—. Acepté este acuerdo para saldar la deuda médica de mi madre y honrar la memoria de mi padre. Nada más.

El abogado se dio cuenta que ambos necesitaban hablar a solas y se levantó con disimulo. En poco, solo estaban Chloe y él, parecía un enfrentamiento de miradas. Ella con sus enormes ojos verdes sobre él que no se dejaba intimidar, sin embargo estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para aparentar esa tranquilidad que en el fondo no existía.

—Eres muy elocuente, tan segura de que aceptaré esto —susurró por lo bajo —. Vamos a sentarnos.

Ella tragó duro, la forma tan intensa con la que el hombre la miraba. Y esa habilidad de expresarse tan seguro de sí mismo, en contraste con ella que le temblaban hasta las piernas allí sentada, y el corazón le latía con tanta fuerza que lastimaba su pecho.

Sintió la necesidad de abanicar su rostro pero mantuvo las manos quietas sobre su regazo, mientras intentaba mantener la misma postura firme y segura que él tenía.

¿Por qué era tan malditamente atractivo? En revistas lo vio, en pantalla, pero en persona era irreal.

—Aceptará si quiere la presidencia, eso desea ¿no? —declaró intentando recuperar el control.

Él frunció el ceño. Que ella lo supiera y que pretendiera tenerlo en sus manos le molestó un poco.

—Tú...

—Y, no me hago ilusiones, sé que todo será un acuerdo firmado — se apresuró en decirle cambiando un poco la expresión del hombre.

Damian dejó escapar una risa amarga y se acercó a ella, reduciendo la distancia hasta que Chloe sintió la presencia del magnate como algo que quemaba su pecho. Se inclinó ligeramente hacia su oído y le susurró con voz fría.

—Me alegra que no tengas ilusiones. Para mi padre serás una cuestión de honor, pero para mí no eres más que un trámite legal para conseguir el mando total de la compañía. Firmamos hoy, nos casamos en una ceremonia privada y mantendremos la fachada el tiempo estrictamente necesario.

Chloe sostuvo su mirada desafiante.

—No esperaba menos de usted.

—Entonces déjame dejarte algo bien claro desde este instante —añadió él con desprecio, recorriéndola con la mirada—. No te tocaré. Jamás me acostaré con una mujer a la que mantengo por obligación. Este matrimonio es solo un papel.

Chloe apretó los puños, sintiendo el golpe a su orgullo, pero tomó el bolígrafo sobre la mesa y firmó el documento sin dudar.

—Acepto sus condiciones, señor Kingsman. Tampoco tengo el menor interés en que un hombre como usted me toque. No quiero que un hombre que tiene que casarse solo por su propio beneficio, intente ponerme una mano encima. A mí solo me interesa el contrato. Nos vemos en el altar.

Se puso de pie y caminó hacia la salida sin mirar atrás. Damian se quedó de pie junto al escritorio, con la mandíbula tensa y con sus palabras, esa verdad que lo atravesó, haciendo de las suyas en su cabeza.

Siguiente capítulo