Capítulo 2 Su Destino en una Firma

Cuando Chloe cruzó la puerta de la oficina ejecutiva y el chasquido del cerrojo se escuchó a sus espaldas, sintió que finalmente recuperaba el aliento. El aire volvió de golpe a sus pulmones y pudo respirar con una tranquilidad momentánea, alejándose del peligro que representaba la presencia de Damian Kingsman.

Todo el esfuerzo titánico que había hecho dentro de esa oficina para aparentar seguridad, compostura y frialdad se esfumó en un segundo, dejándole un agotamiento masivo en el cuerpo. Aceleró el paso hacia la salida del edificio, luchando con todas sus fuerzas contra el nudo amargo que amenazaba con romper en un llanto sofocado en su garganta. Se tragó las lágrimas; no se permitiría derrumbarse allí.

Manejó su viejo auto hasta el hospital donde su madre, Anastasia, estaba ingresada. Al entrar a la habitación, el corazón se le oprimió al verla tan pálida y frágil sobre la cama clínica. Sin embargo, la mirada de Anastasia se iluminó al ver a su hija cruzando la puerta.

—¿Cómo te fue, hijita? —preguntó con voz débil.

Chloe se acercó de inmediato, tragándose su dolor y regalándole la sonrisa más cálida y tranquilizadora que pudo forjar.

—Me fue de maravilla, mamá. No te preocupes en absoluto, todo salió a la perfección —mencionó, tomando sus manos frías con delicadeza—. El matrimonio se llevará a cabo.

Anastasia la miró con los ojos llenos de una culpa latente y apretó suavemente los dedos de su hija.

—Lo siento tanto, Chloe... De verdad no quería ponerte en una situación como esta. Tú no mereces casarte así, sin desearlo, uniendo tu vida a un hombre que ni siquiera conoces.

—Mamá, escúchame —la interrumpió Chloe con suavidad, intentando minimizar la situación para no alterar su salud—. Lo mejor que pudo pasar es que el padre de ese hombre cumpliera su promesa. Eso significa que hay esperanzas reales de que te recuperes con el tratamiento adecuado y que las deudas se acabarán. No veo esto como un martirio. Ya dejé claro que esto es solo un acuerdo legal. Él no tiene el menor interés en tomarse el matrimonio en serio; solo firmaremos el acta, seremos esposos en el papel, tú te recuperarás y nos divorciaremos. Luego seguiré con mi vida como si nada hubiera pasado.

Anastasia dejó escapar una exhalación profunda, observándola con duda.

—¿Estás completamente segura, hija? ¿Segura de que puedes con esto?

—Por supuesto que sí, mamá. Estoy más que segura, no te preocupes por mí.

Chloe se inclinó y le dio un beso tierno en la frente.

—Gracias, hijita... De verdad, gracias por sacrificarte así —susurró Anastasia conmovida.

—No es ningún sacrificio, mamá. Por ti haría cualquier cosa.

Los días transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos, y el día de la boda llegó.

Chloe se observaba frente al espejo de cuerpo entero. Lucía un vestido de novia ostentoso y exagerado, de un lujo que no le pertenecía. Mientras su corazón latía a mil por hora, vio en su propio reflejo una sonrisa obligada y unos ojos apagados, llenos de resignación. No había más brillo en ella que el del carísimo vestido que llevaba puesto.

Lo peor de la jornada no era el trámite, sino la sesión de fotos.

Aunque el matrimonio se llevaría a cabo únicamente por la vía civil, sin fiesta ni celebraciones extravagantes, la prensa y la junta directiva exigían una prueba visual irrefutable de su "amor".

Chloe sostenía en sus manos un ramo de flores frescas que le había entregado el fotógrafo contratado por Damian, cuando escuchó pasos firmes acercándose. Giró la cabeza y allí apareció él.

Damian se veía tan guapo. Portaba un traje a la medida que resaltaba su porte impecable y perfecto, pareciendo un hombre extraído de la portada de una revista de lujo. En cuanto se acercó, su perfume con notas de madera y especias inundó los sentidos de Chloe, volviéndole difícil el simple acto de respirar.

—Terminemos con esto de una vez —señaló él con un claro matiz de fastidio en la voz.

Él le tomó la mano. Chloe creyó que no sentiría nada, pero un escalofrío abrasador le recorrió la piel desde los dedos hasta los hombros, como si el tacto de Damian estuviera quemándola por dentro. Abrió los ojos de par en par mientras sentía cómo las mejillas se le encendían en un rubor caliente.

Damian, con una mirada sagaz, pareció disfrutar el notar cómo ella se tensaba por completo ante su contacto.

Tiró suavemente de ella para guiarla hacia la sala privada donde se realizaría la sesión. El fotógrafo comenzó a dar indicaciones de poses y, conforme avanzaban las tomas, la cercanía física entre ambos se volvió abrumadora.

—Por favor, señora Kingsman, siéntese en el regazo de su esposo —indicó el fotógrafo.

Chloe sintió que la respiración se le atoraba. Estaba saturada, incómoda y extremadamente tensa, pero no le quedó más remedio que obedecer. Se acomodó sobre las piernas de Damian mientras él mantenía la compostura intacta, actuando con una desenvoltura natural.

Sin embargo, Damian colocó su mano firmemente sobre la cintura de Chloe, apretándola con la fuerza justa, de forma adrede para alterar sus nervios. Chloe sintió que los dedos del magnate radiaban fuego a través de la tela de su vestido, enviando un estremecimiento de pies a cabeza. Cuando el fotógrafo finalmente dio la seña de terminar, Chloe se distanció de inmediato, encontrándose con la sonrisa victoriosa y calculadora de Damian.

—¡Hemos terminado! Los felicito, las fotografías quedaron espectaculares. Parecen modelos profesionales —alagó el fotógrafo.

Chloe forzó una última sonrisa antes de que el espectáculo llegara a su fin.

Horas más tarde, tras la entrega del material fotográfico, se dirigieron al registro civil. El proceso fue frío y vertiginoso. Ambos firmaron el documento legal con la distancia de dos desconocidos. Chloe apretó los puños bajo la mesa, rogando internamente por mantener la tranquilidad y convenciéndose a sí misma de que aquel contrato no cambiaría en nada su destino.

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