Capítulo 4 Insensible
Chloe despertó lentamente, sintiendo el peso del brazo de Damian rodeándole la cintura Durante unas pocas horas, envueltos en las sábanas, la frialdad del magnate se había disuelto en caricias desesperadas y la necesidad por saciar todo lo que sentía. Y, por un instante ridículo, mientras su pecho se pegaba al de él, Chloe creyó que aquel hombre era perfecto, que lo había juzgado mal.
Sin embargo, el hechizo no duró.
En cuanto Damian abrió los ojos y tomó conciencia de la luz del día, su cuerpo se tensó por completo. La calidez de la noche desapareció al instante. Se incorporó de golpe, pasándose una mano por el rostro, incrédulo.
—Damian... —susurró Chloe, sentándose en la cama y cubriéndose el pecho con la sábana.
Él no la miró. Se puso de pie con rapidez, recogió su ropa del suelo y se vistió en un silencio que parecía tan doloroso. Cuando finalmente se giró hacia ella, la mirada que le dirigió no tenía un solo rastro del hombre que la había sostenido en la oscuridad. Era, de nuevo, el implacable CEO del grupo Kingsman.
—No me mires así —soltó él con frialdad, abotonándose la camisa a toda prisa.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Chloe, sintiendo un nudo opresivo formándose en la garganta—. Tú fuiste el que...
—¡Un error! —la interrumpió él con voz tajante, caminando hacia el escritorio del dormitorio—. Un maldito error, no es importante. Anoche estaba bajo demasiado estrés por los problemas de la junta directiva. No pensaba con claridad cuando estuve contigo, es todo.
Ella se sintió indignada.
—Es cierto, ha sido solo un maldito error —repitió ella con la voz temblorosa, sintiendo cómo el orgullo se le caía a pedazos—. Dijiste que jamás me tocarías, es cierto, te pedí eso, ambos hemos roto nuestra palabras.
—¿Podrías dejar de ser tan dramática? —pronunció Damian con soberbia, cruzándose de brazos antes de darle la espalda por completo.
A Chloe se le atragantaron las palabras en la garganta. Antes de que pudiera replicarle algo, Damian caminó a paso firme hacia la salida de la habitación y se metió directo al baño para tomar una ducha rápida. Minutos después, escuchó la puerta principal cerrarse. Él se había marchado a trabajar como si nada hubiera pasado, dejándola sola en la enorme y silenciosa habitación que le recordaba lo estúpida que había sido al ceder.
Chloe contuvo las ganas de llorar, se vistió y salió de allí, sintiéndose profundamente humillada, aunque por dentro intentaba repetirle a su orgullo que en realidad no le importaba lo que ese hombre pensara. Preparó el desayuno, pero esta vez Damian ni siquiera se sentó a la mesa con ella.
El día transcurrió en una tensa y pesada calma. Sin embargo, en lugar de llegar tarde como de costumbre, Damian regresó al caer la tarde, bastante más temprano de lo habitual.
Cenaron en silencio. Chloe se mantuvo sumamente callada, con la mirada fija en su plato, evitando cruzar palabras con él tras lo ocurrido esa mañana. Fue entonces, en medio de esa quietud, cuando Damian dejó los cubiertos sobre la mesa y le habló.
—La junta directiva finalmente hizo oficial mi nombramiento como presidente —señaló con tono serio, aunque con un dejo de satisfacción evidente—. Ya fue aprobado formalmente hoy, pero eso no significa que vayamos a bajar la guardia con los accionistas.
Chloe se quedó paralizada por un segundo. Apretó los labios, sin saber muy bien qué responder a eso, y prefirió guardar silencio. Sin decir una sola palabra de felicitación, se levantó de la mesa antes que él, abandonando el comedor y dejándolo solo con su "victoria".
—Es un idiota —pronunció a solas en su habitación.
"¿Por qué te importa tanto? Nada es real". Pensó dentro de sí.
Él observó su copa de vino a medias, al final le dio un último sorbo. Ahora que la presidencia era suya, se sentía un poco extraña cuando no había nadie a quien demostrarle nada. Y, ella ni siquiera se había inmutado.
Ambos coincidieron en el comedor, aunque el silencio entre ellos casi se podía tocar. Chloe evitaba mirarlo, dispuesta a terminar su café e irse lo antes posible, cuando la voz grave de Damian la detuvo.
—¿Cómo le está yendo a tu madre con el tratamiento? —preguntó él con una aparente indiferencia, sirviéndose café—. Supongo que está surtiendo efecto.
Chloe se quedó completamente descolocada. No esperaba que él recordara ese detalle, y mucho menos que preguntara por iniciativa propia. Parpadeó un par de veces antes de responder, a la defensiva.
—Sí... está presentando mejoría. Va a terminar recuperándose pronto —contestó, estrechando los dedos alrededor de su taza.
Damian la observó un instante, recostándose en el respaldo de su silla.
—Veo que tienes bastante fe y esperanza en que será así.
A Chloe el tono le sonó a una burla sutil, y las defensas se le activaron de inmediato. Dejó la taza sobre la mesa con un golpe seco.
—¿A qué te refieres con ese tono? ¿Por qué hablas así del caso de mi madre?
—Espera un momento —respondió Damian frunciendo el ceño, cambiando su semblante a uno más serio—. En ningún momento me estoy burlando de un asunto tan delicado. Sin embargo, seamos sinceros... el cáncer es una mierda, no es una enfermedad fácil de manejar.
Chloe lo sostuvo con la mirada, sintiendo que la sangre le hervía por la forma en la que él se expresaba.
—Creo que hay cosas peores que el cáncer —soltó ella de repente, lanzándole una mirada cargada de doble sentido antes de añadir—. Hay enfermedades del alma y actitudes que destruyen mucho más y no tienen cura, lamentablemente.
Damian se quedó completamente frío. La indirecta sobre su comportamiento insensible y déspota dio exactamente en el blanco. Una mirada asesina y calculadora cruzó por los ojos del magnate, pero antes de que pudiera replicar o defender su orgullo, Chloe se puso de pie, dándole la espalda y retirándose del comedor, dejándolo a solas con su café y con la palabra en la boca.
