¡Es el amor de mi vida! II

Negar? Imposible. Si él quería casarse, irse, que yo fuera su segunda amante o incluso el hijo de puta, estaba dispuesta. Me encontraba completamente rendida... Ya no era yo... Era suya.

—Sí... duermo.

Puso su brazo bajo mi cuello y me acurruqué en su pecho, abrazándolo y sintiendo el vínculo con ...

Inicia sesión y continúa leyendo