Un imprevisto I

— ¿Mi derecho? Arqueé una ceja.

— Por supuesto, después de todo lo que has trabajado, mereces estar ahí. Puedo ser un hombre muy agradecido, créeme. Y ahora, por Dios, entiende que no te estoy persiguiendo, no estoy celoso de Héctor y mucho menos... Enamorado de ti.

— Ok, ya dejaste claro que no t...

Inicia sesión y continúa leyendo