¡Bienvenida, Sunshine! II

—Perdóname... —cerró los ojos—. No sabía... —otra lágrima rodó, gruesa.

—La presión está subiendo demasiado rápido, Salma. Por favor, necesitas calmarte —pidió el anestesiólogo—. Trata de relajarte —le aplicó una inyección en la luz que tenía en la muñeca—. Si no te calmas, sacaremos al acompañante...

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