ÚLTIMO SUSPIRO II

Tomé la mano de Allan y dije:

—No puedes hablar así. Te necesitamos, Casavelha.

Él rió, con dificultad:

—Solo tú para hacerme reír, Babi...

—Siempre estaré aquí, Allan... Siempre. Te quiero. —Apoyé mi cabeza en su hombro.

—Ah, Babi, si supieras cuánto bien me hace... Oír que me quieres —su mano acar...

Inicia sesión y continúa leyendo