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—¿Aileen?—la voz de mamá en la cocina me hizo apresurarme hacia mi habitación. No quería tener que decirle dónde pasé la noche, además mis amigos también se preguntan con quién fui. Subí a mi cuarto y me quité la ropa de anoche. No podía creer que Oliver Price me hubiera llevado a su casa. Podría denunciarlo por secuestro, pero sabiendo lo poderoso que es, no serviría de nada. Entré a bañarme, pensando que finalmente le había dicho la verdad sobre él, pero ¿de qué serviría? ¿Sobre qué? Si no me devolvía mi beca. Minutos después salí del baño y busqué mi ropa para ir a ese trabajo que no me gustaba. Elegí unos pantalones blancos, zapatos bajos, una camisa rosa pastel y me puse mi abrigo beige. Me peiné, dejando el cabello recogido en una cola de caballo suelta. Tomé mi bolso y bajé a la cocina. Tenía hambre.
—Oh, buenos días—mamá sonrió. Estaba desayunando y tenía una computadora en la mesa, parece que trabajaba.
—Buenos días—me senté, mi desayuno ya estaba servido. El día estaba soleado, me dolía un poco la cabeza.
—Vanessa llamó—me dijo cuando me llevé el sándwich a la boca. También había fruta—. Preguntó si estabas en casa. Lo cual me pareció raro porque se fueron juntas y se suponía que estarían juntas.
La miré mal.
—Me quedé con Trisha.
—Hmm, ¿segura?
—No tengo por qué mentirte—murmuré lo más seriamente posible. Me sentía triste y decepcionada, definitivamente este día no sería bonito.
—Está bien. Hoy llegaré un poco más tarde de lo normal, me quedaré trabajando con un colega. ¿Harás algo después del trabajo?
Negué.
—Nada.
—De acuerdo—y volvió su mirada a la computadora.
Terminé de desayunar, fui al baño a cepillarme los dientes y salí para el trabajo. En el camino le envié un mensaje a Vanessa diciéndole que ya estaba en casa y que no se preocupara por mí. Obviamente querrán saber cada detalle de dónde pasé la noche y con quién. Sinceramente quería olvidar la noche anterior a toda costa.
—Buenos días, Zac—saludé al chico en cuanto llegué.
—Buenos días, Aileen—respondió. Estaba limpiando las mesas, era demasiado temprano para que viniera gente. A menos que quisieran comer comida chatarra para el desayuno.
Fui a mi puesto, poniéndome mi enorme delantal y la gorra con el auricular. No tenía pedidos, pero a medida que pasaban las horas, la gente comenzó a llegar. La mañana fue muy ocupada, parece que hubo muchas ventas hoy.
—Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?—pregunté por el auricular.
—Quiero una orden de papas fritas y una hamburguesa sencilla—dijo alguien más. No había visto su rostro, pero su voz me parecía familiar. Le di su orden y esperé su coche en la ventanilla. Para mi mayor sorpresa, apareció un coche de lujo, a través de la ventana pude ver a ese hombre apuesto que llevaba gafas de sol y las mangas de su camisa arremangadas hasta los codos.
No puede ser.
—Oliver Price—murmuré su nombre como si fuera una broma.
Oliver se quitó las gafas y me miró con curiosidad.
Le entregué la orden.
—Señorita Aileen. Qué sorpresa encontrarla tan a menudo desde que la conozco.
—¿Sorpresa? No te creo nada, Price, ¿qué haces aquí? Habla.
—Comprando hamburguesas—respondió obviamente, tomando la bolsa.
—De todos los lugares de comida rápida vienes justo aquí—murmuré—. Qué extraño.
Él sonrió con picardía.
—¿Aileen?—escuché la voz de Carmela, mi compañera—. Estoy aquí para mi turno...—se quedó atónita, mirando a Oliver—. ¿Es ese Oliver Price?—susurró.
—Como le dije, señorita Aileen, esto es una terrible sorpresa—me lanzó una mirada rápida y se alejó, caminando.
Cómo lo odio.
—Oliver Price es más sexy en persona—Carmela estaba emocionada. Me quité el delantal y la gorra y dejé mi lugar libre para ella, tenía la hora libre para almorzar. Pedí papas fritas y una hamburguesa doble con queso, también un refresco y me dirigí al mismo lugar de siempre. A lo lejos había un pequeño jardín donde no venía nadie más, así que me senté allí.
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Alrededor de las nueve de la noche me sentía muerta, estaba muy cansada y todo lo que quería era llegar a casa y llorar un poco. En el metro me encontré con mis antiguos compañeros de universidad, me sentí tan mal al verlos. Ellos avanzan y yo no. Cuando llegué a casa, mamá aún no había llegado, así que me encerré en mi habitación e investigué trabajos donde pagaran más, necesitaba hacer mi propio futuro, necesitaba hacer algo para regresar, aún había tiempo. Estaba a punto de rendirme cuando de repente sonó el timbre. ¿Quién podría ser a esta hora? Puse la laptop en la mesita de noche y bajé. Cuando abrí la puerta me quedé sin palabras.
—Buenas noches, señorita Aileen.
Ese hombre guapo y atractivo estaba en mi puerta. Sí, justo frente a mí.
—¿Qué demonios haces aquí?—solté, mirándolo con furia.
—¿Me dejarás entrar? Hace frío aquí afuera.
—¿Por qué debería dejarte pasar? Podría dejarte congelarte ahí fuera.
Oliver parecía imperturbable ante mis insultos.
—Tengo algo importante que proponerte. Te conviene—sonrió con picardía.
Entrecerré los ojos en su dirección porque no sabía a qué se refería. Me parecía extraño, pero también me daba curiosidad. ¿Y si cambiaba de opinión y decidía devolverme mi beca?
—Entra—me hice a un lado. Cuando estuvo dentro, cerré la puerta—. Bien, ¿qué vas a proponerme?—Él estaba mirando mi casa, cada detalle.
—Hoy, cuando mi padre te vio, se aclararon muchas cosas, cosas que honestamente estoy harto de tolerar.
—¿Y qué tiene eso que ver conmigo?
—Mucho. Lo que voy a decirte, Aileen, es confidencial y no puedes publicarlo después, sea cual sea tu respuesta.
No entendía nada.
—¿Por qué no me dices lo que quieres y me dejas en paz?
—Bueno, John Price siempre ha estado insatisfecho conmigo porque dice que necesito más que trabajo para poder encargarme completamente de la empresa. Dice que necesito formar una familia como lo hizo mi hermano. Él tiene una vida estable, una esposa, hijos, así que para mi padre sería un mejor candidato para la gestión total de la empresa—explicó. Aún no entendía por qué eso tenía que ver conmigo—. Ambos queremos algo, Aileen, estamos aquí por un propósito. Tú quieres tu beca y yo quiero que la empresa sea totalmente mía.
—Eres muy...—quería decir algo, pero nada me venía a la mente. Tenía más o menos una idea de lo que quería que hiciera.
—Déjame terminar—se sentó en el sofá, sacando una carpeta con algunos papeles—. Por eso tengo un trato que hacerte.
—¿Qué cosa?
—Ven y siéntate.
Crucé los brazos y, a regañadientes, me senté frente a él. Seguramente ya había notado mis ojos rojos de tanto llorar, pero no me importaba.
—Habla, Oliver, no quiero que mi madre te vea aquí.
—Esto es un contrato—me lo entregó. Lo tomé—. Puedes leerlo en detalle, incluso mostrárselo a un abogado. Ahí dice que serías mi prometida por un año y que, al completar eso, te devolvería tu beca completa y podrías volver a la universidad sin ningún problema.
Lo miré.
—¿De qué estás hablando?—abrí la carpeta. Promesa y contrato de matrimonio. ¿Oliver quería comprar una esposa?
—De eso. Necesito demostrarle a mi padre que yo también tengo una familia. No tendrá más remedio que darme todo el poder.
—Es todo lo que te importa: el poder.
—Ambos tenemos intereses. También sé que ambos estaríamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para lograr nuestros objetivos.
Lo miré. No podía creer que este hombre tan exitoso e importante estuviera aquí en mi casa pidiéndome algo que... no entendía por qué no podía pedirle a otras personas.
—¿Por qué yo? Si tienes tantas mujeres que matarían por estar en este lugar.
—Bueno, hay algo en ti que me da confianza. Sé que no irías a la prensa de inmediato. Con una noticia así te pagarían mucho dinero. Además, mi padre también vio algo en ti. Básicamente me dijo que mujeres como tú necesito en mi vida para poder avanzar.
Vaya, haber dicho todo eso frente a ese hombre había valido la pena. Pero no solo eso, tenía la oportunidad de volver a la universidad y todo lo que tenía que hacer era soportar a este idiota durante un año.
—Según este contrato, fingiríamos que estamos comprometidos ante todos.
—Así es. Ante todos.
—Además... ¿nos casaríamos?
—Por supuesto. Tres meses después de que te pida que seas mi esposa.
Tragué saliva.
—Lo que no entiendo es por qué me darás la beca hasta después de haber completado eso. ¿Por qué no cuando firme? Así no perderé este año.
—Porque...
—¿Qué me asegura que me la darás después?
—Aileen, ya te dije que puedes confirmar con un abogado que el contrato es real. Te daré tu tiempo para leerlo y analizarlo.
—Acepto, pero con la condición de que regrese inmediatamente a la universidad. No de otra manera—crucé los brazos frente a él.
Oliver me miró pensativo por un momento.
—Está bien—tomó la carpeta—, llevaré esto para que mi abogado cambie esa cláusula. Estará listo mañana por la mañana.
—Perfecto.
—¿Quieres que te lo traiga aquí para que lo firmes?
—No, por el momento no quiero que mi madre te vea, así que dime dónde encontrarnos.
—En mi oficina entonces—se levantó—. ¿Tenemos un trato?—me extendió la mano.
—Claro—la estreché también. Sentí un pequeño choque de electricidad cuando eso sucedió. Quizás Oliver también lo sintió porque retiró su mano de inmediato.
—Nos vemos mañana, señorita Aileen—salió de mi casa. Estoy segura de que se pregunta por qué no lo insulté o le dije cosas. La verdad es que no tenía valor, había llorado mucho, pero al fin tenía la oportunidad que quería. No me importaba si tenía que fingir estar muy enamorada de Oliver para poder tener mi beca y continuar estudiando, para poder graduarme en dos años. La emoción me invadió. Me dirigí a mi habitación y borré todas las pestañas de búsqueda de empleo en mi computadora. Oliver Price me había robado mis sueños una vez y ahora tendrá que arreglarlo.
