Capítulo 15 Inquietud

CLEMENTINE

El mundo se redujo al calor de las manos de Julian en mi cuello y al sonido de mi propia respiración, que sonaba como un eco desesperado entre las estanterías. Mi confesión —soy virgen— se quedó flotando en el aire, pero no provocó la risa que yo tanto temía. No hubo burla en s...

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