Capítulo 2 Capitulo 1:
PANTERA.
Cuarto martini y aun no logro olvidarme del comentario tan idiota de ese capullo de mierda.
Diviso su presencia desde el otro lado de la sala bebiendose un whiskie con dos desconocidas que llegan contoneando sus caderas y jugueteando con los mechones de sus cabellos, sin embargo, el las ignora lanzandoles una mirada de tension; cruzando sus orbes con los mios.
—¿Todo bien señorita?
Pregunta el barman que me atiende ofreciendome un segundo shot que estremece mi garganta con el sabor rasposo del alcohol.
—Idiota.
Le muestro mi dedo del medio gesticulando un cabron que lo hace estallar en carcajadas e ignoro su presencia con toda intencion.
La musica siento que no esta lo suficiente alta como para desaparecer los pensamientos maqueavelicos que se mantienen atados en mi subconsciente, recordandome todo lo que deberia hacerle por estar suponiendo cosas de mi sin ningun tipo de sentido.
—Idiota.
Entrecierro los ojos perdiendolo de mi zona de vision enfocando mi mente en la carrera que se aproxima en dos dias.
—¿Otro martini señorita?
Asiento acomodando la gorra que cubre mi largo cabello ondeado, mientras acoplo las gafas que mantienen mis pupilas medio dilatadas ocultas en la oscuridad, viendo a lo lejos como Alan coquetea sin medida con una chica llena de pircings y el cabello rojo vino, algo curvilinea, que no deja de ejecutar suaves toques en su mano que parecen caricias inocentes.
—Si, por favor.
Por otro lado, la disco esta bastante abarrotada, miles de personas se arremolinan en el interior de la pista moviendose de un lado al otro, pegandose entre ellos, y por primera vez me doy cuenta de que esto no es nada del otro mundo. Son solo seres que para sentirse bien con ellos mismos vienen a lugares como estos con el plan de emborracharse, olvidar todos sus mierdas para al final del dia, regresar a ellas, ya que, seamos honestos, los problemas no desaparecen con unas copas de alcohol.
—Hemos recibido un pedido especial de uno de nuestros clientes —habla el dj—, con ustedes, On the floor de Jennifer Lopez ft Pitbull.
Abro los ojos como platos cruzando miradas con el capullo de Alan que sonrie en señal de maldad, encogiendose de hombros cuando articulo un gracias por su parte. Este tio sabe exactamente lo mucho que me fascinan esas canciones.
Mi cuerpo se mueve por inercia, le doy el ultimo trago a mi bebida, notando el maravilloso mareo que me deja casi en el suelo, para caminar con rapidez al centro de la pista, sintiendo como las notas musicales me hacen vibrar.
—Amo esta cancion.
Cierro los ojos, me extasio con cada una de las partes mas sensuales, mientras muevo mis manos por mis pechos, las voy bajando poco a poco hasta mis muslos, y continuo sin cesar subiendolas hacia mi cabeza dejandome llevar.
Contoneo mis caderas con suavidad de un lado a otro. Me deshago de mis gafas, relamo mis labios y muerdo el inferior con la necesidad de bajar con movimientos circulares.
Disfruto cada pequeño momento, cuando unas manos desconocidas se aferran a a mis caderas ejecutando movimientos sincronizados. Me dejo llevar, no necesito ni siquiera mirarlo a los ojos, solo extasiarme con esto porque ya mañana regreso a ser quien debo, pero por hoy solo soy una chica disfrutando de su juventud.
Abro los ojos mareandome un poco, noto una mirada en el palco VIP que tensa cada uno de mis musculos, convirtiendo mi diversion en tormento. Puedo percibir como mi estomago se revuelve, mis piernas flaquean y mis ojos se nublan con el agua que me los empaña. El nudo que crei que habia desaparecido hace unos meses se apropia de mi garganta como un salvaje mordaz.
No se que hacer ni como reaccionar, por puro instinto busco al capullo de hace unas horas queriendo escapar de un lugar que se convierte en asfixiante, pero la persona que tengo a mis espaldas se mantiene en movimiento.
—Bailas de maravilla.
Me volteo dando con la persona que me agarraba las caderas, que sin ningun pudor me besa y no se si es el alcohol o la ansiedad que hace sudar mis poros, pero simplemente me dejo llevar agotada, incapaz de detener los quejidos que se convierten en jadeos de dolor interno.
—¡Dios que bien besas!.
La voz ronca del chico rubio hace que me enfoque en su persona, queriendo olvidar todo lo que mi mente evoca como una ola que arrasaria con una ciudad completa.
—¡Callate!, solo besame.
Envuelvo mis brazos en su cuello, dejandome llevar por completo por mas tiempo del necesario. Las emociones se pueden convertir en un arma de doble filo sin que te des cuenta, sin embargo, papa me enseño que si no muestras que te importa, nadie tiene que saber como puede destruirte, ni siquiera que tan importante es para tu vida.
—Tia…
Escucho la voz de Alan en mi espalda, pero simplemente lo ignoro concentrandome en disfrutar del momento, o al menos intentarlo.
—Tia…
Me suelto de su agarre, solo sigo enfocada en la tarea de apagar esas emociones que no hacen mas que acelerar los latidos de mi corazon de una forma que mi mayor deseo es no saber ni siquiera como me llamo. Quizas… no, la verdad me veo bastante patetica haciendo esto, queriendo demostrar algo que aun ni yo misma me puedo creer.
—Muñeca…
Trago, esa voz la conozco, la escuche hace unas horas y no se porque se convierten en un refugio a pesar del tono burlon con el que vienen acompañadas. Al menos hasta que…
—Olivia.
Trago dando dos pasos atrás cuando mis oidos captan ese nombre, erizando todo de mi.
—Creo que te equivocaste de persona.
El rubio intenta intervenir, aunque digamos que la mirada que le lanzan lo manda a guardar silencio en menos de un segundo.
—Lo mejor es que te vayas.
Niego acomodandome la gorra, tratando de mantener la compostura.
—Bebe… —murmura el chico.
—Marchate.
Ordeno con voz mordaz soltando un fuerte suspiro, no sin antes darle un beso mirando a la persona que aprieta la mandibula con rudeza, sacandome una media sonrisa maliciosa.
—Tranquilo, ya te llamare.
Asiente alejandose cuando se percata de algo, sin embargo, me agarran de la mano y me sacan de la pista antes de que pueda responder.
—Sueltame.
—¿Qué mierdas haces aquí?
Su agarre se intensifica con cada paso que damos a la parte trasera de la discoteca, dejando atrás el bullicio desmedido de las personas, mientras puedo notar a Alan siguiendonos a paso seguro con las manos en sus bolsillos. Noto que trata de mantener una distancia prudente, cosa que por una vez me gustaria que fuera lo contrario.
Darme espacio en estos momentos y menos con esta persona es algo que no me interesa demasiado, sabiendo a la perfeccion cuales son sus intenciones.
—Sueltame.
Intento safarme de su agarre, pero es tan fuerte que se me complica.
—Si no me dejas ir, gritare.
Lo amenazo, aunque se perfectamente que esto con el no vale, es un ser que no se le da nada bien seguir las reglas, menos cuando somos personas que estamos envueltas en tantas cosas.
—¡Hazlo joder! —vocifera—. Hazlo y ambos estaremos jodidos.
Las lagrimas mojan mis mejillas, mientras siento como mi pecho se estruja con solo ver su rostro, con solo sentir su tacto o la forma en la que sostiene mis pomulos tratando de apasiguar a la bestia que llevo dentro.
—¿Por qué me haces esto?
Me rompo, no quisiera hacerlo y menos delante de sus ojos, quiero ser fuerte, capaz de luchar por todo, sin temor a nada hasta que nuestros ojos se encuentran. Porque justo en ese instante se que me pueden desarmar, solo el puede ver en lo mas profundo de mi ser, convertirme en lo que soy ahora… una pequeña gatita incapaz de sacar las garras.
—Olivia, yo…
Niego.
—Dijimos que ibamos a estar lejos el uno del otro, pero… —trago el hipido que intenta escaparse alzando mi menton, notando la sonrisa de orgullo que se apropia de sus labios.
—Siempre vamos a volver el uno al otro Olivia.
Detiene sus manos sobre mi rostro para que mis orbes se fijen en sus esferas oculares que las conozco como un lugar seguro del que nunca he querido escapar, aun asi aquí nos vemos, imponiendo un enorme muro entre el y yo con tal de mantenernos a salvo, porque juntos somos peligro.
—Deberias irte a otro continente.
Ambos sonreimos, aligerando la tension del ambiente.
Las luces del callejon, los charcos por la lluvia y el maullido de los gatos son nuestros acompañantes; los unicos que se convierten en testigos de lo que sea que este pasando aquí, porque hay reencuentros que no requieren demasiada explicacion.
—Ambos debemos mantenernos ocultos —suspira—, sabes cuan peligroso puede ser para ti, Olivia.
El nudo en mi garganta empeora y mi fortaleza flaquea, mis piernas quieren caer al suelo, y mis manos no dejan de temblar. Cada una de mis reacciones viene unida a una sola emocion. Esa añoranza de que todo sea como al principio, pero tan complicado que es agotador.
—¿Por qué esta distancia?
Suspira.
—Es lo mejor —muerdo mi labio inferior—, siempre has sido mia, pero muy pocos saben por completo el amor que nos tenemos.
No podria estar mas de acuerdo con sus palabras, pero… ¿Cómo curar este dolor que no me deja en paz cada vez que lo veo de lejos y no lo puedo abrazar?
—Sabes que te amo Olivia —acaricia mi pomulo—, pero es mi momento de desaparecer y que puedas ser tu quien demuestre quien es la mejor en las pistas.
Cierro los ojos dejando que bese mi mejilla, para en menos de nada dejar de sentir el maravilloso olor de su perfume para siempre.
—¿Todo bien?
Asiento.
—Vamonos.
Me extiende su mano para que la agarre, ofeciendome la fuerza para salir juntos de aquel callejon que se llevo un pedazo de mi alma.
Hay personas que simplemente son incapaces de quedarse por mas que lo supliques.
—Vamos muñeca —esa voz tensa mis musculos—, parece que tuviste un encuentro con un ex.
Ruedo los ojos volviendolo a ignorar por completo.
—Capullo.
