Capítulo 3 Capitulo 2:
PANTERA.
Abrir los parpados despues de beber cinco martinis y dos cervezas es como intentar que la torre de pizza este simetrica en vez de torcida, aun asi aquí nos vemos intentando dejar que la luz del sol que se filtra por unas cortinas color pastel, no aturda mi cabeza. Tomo varias respiraciones, repitiendole a mi cuerpo las inmensas ganas que tengo de disfrutar de un café cargado que baje esta tusa que me estoy cargando en estos momentos.
Puedo notar ciertos movimientos en mi entorno tampoco es que la persona que esta aquí quiera mantener silencio total, y es que, conozco al ser que tengo como compañero, por tanto se cada una de sus manias que para mi mala suerte son las de crear ruidos sin ningun tipo de consideracion.
—Vamos Tessa.
La voz de Alan se convierte en una de esas insoportables campanadas que acaban con mi estabilidad mental, transformando hasta lo que es un sonido apacible en un ruido ensordecedor que desetabiliza mis nervios y ciertas partes de mi corteza frontal.
—Solo diez minutos mas.
Cubro mi cabeza con la almohada, acurrucando mi cuerpo en las blancas sabanas del suave colchon matrimonial que mantiene mis curvas en un calorcito tan a gusto, que soy mas que incapaz de alejarme.
—¿Por qué eres tan gruñona en las mañanas?
Me acusa queriendo separarme de mi comodidad, sin embargo, me aferro con demasiada fuerza a esa paz y comodidad que me brinda la enorme cama.
—Cinco minutos mas.
Gruño cuando me golpea con un almohadon, aun asi eso ni siquiera es suficiente para levantarme de la cama o hacer que me someta al martirio que sera abrir los ojos y dar con los fuertes rayos del sol.
—Eres una niña pequeña.
Se queja dando un fuerte portazo.
—¡Me duele la cabeza! —me excuso.
Se que ignora lo que digo, por la forma en el que enciende la tele a todo volumen haciendome reir, hasta que ciertos pasos con un perfume bastante familiar activan mis sentidos.
—Deberiamos dejarla sin este maravilloso manjar.
Mi cuerpo reacciona instintivamente con la voz femenina que llega a mis oidos, llevando a mis parpados a abrirse de sopeton, recibiendo el maravilloso dolor de cabeza que justo se convierte en mi peor pesadilla.
—¡Maldicion!
Cubro mis orbes marron claro con mi antebrazo con intenciones de controlar los palpitos que me funden la cabeza.
Acostumbrarse a la luz, es una pesadilla, y simplemente percatarte de cada detalle de tu entorno es mas que dificil cuando solo puedes pensar en los fuertes palpitos que te proporciona tu cerebelo con la intencion de acabar con ciertas capacidades motoras.
—¿Lisa?
El tono de mi voz sale en apenas un pequeño susurro imperceptible.
—La misma que baila y carsa.
El corazon me da un vuelco, mis manos tiemblan y despues del desordenado encuentro de anoche quiero llorar en los brazos de la pelirroja de ojos azules que me devuelve la sonrisa, cuando mis ojos finalmente logran adaptarse a la claridad de la habitacion.
—Aquí tienes —me extiende el café humeante que humedece mis labios y reconstruye mis tendones.
El caliente y suave sabor amargo del liquido que recorre mi garganta disminuye el incomodo dolor de cabeza controlando la sensacion tan placentera que convierte mi estomago en un dragon que ruge nsioso de devorar algo que controle esa hambruna que se transforma en mi enemiga.
—¿Tienes un…?
Ni siquiera me permite terminar la oracion cuando entre sus manos sostiene un pretzel con mermelada de frambuesa con unas chispas desconocidas sobre el, que causan el rugir desesperado de mis tripas, seguido de la cantidad abundante de saliva que se apropia de mi boca.
La pelirroja sonrie, me lo extiende casi estallando en carcajadas cuando nota mi desesperacion como si hiciera años que no pruebo ni bocado de nada, pero es que en mi defensa, ingerir alcohol siempre me deja hambrienta al dia siguiente con una resaca que me toca los huevos que no tengo.
—Vaya — sonrie doblando las sabanas beige—, creo que tendria que haber venido antes.
Sonrio lanzandole un beso que agarra en el aire, dejando la cobija en el closet de la habitacion.
—Al parecer Alan esta haciendo que nuestra corredora estrella este pasando mas hambre de la necesaria y asi no vamos bien.
Alan se cruza de brazos lanzandole una mala mirada.
—La verdad es que tienes toda la razon —lo molesto—, deberia reducirle la paga por ser un mal subordinado.
Ahora desvia su rostro en mi direccion ejecutando una seña de asesinato que nos hace reir a Lisa y a mi con las ocurrencias del condenado.
—Supongo que deberia renunciar —juguetea con uno de los lapiceros—, asi me voy con la competencia.
Alza su menton sacandome una leve sonrisa juguetona.
—Estoy seguro que no sobrevivirias un dia sin mi.
Niego, porque a pesar de todo se que tiene toda la razon, siempre ha sido mi amigo y confidente despues de que Lisa renunciara para hacer de mama; sin embargo, mentir seria ser demasiado cruel con el cuando es mas que claro lo maravilloso que ha sido conmigo todo este tiempo.
—Quizas… —le doy un sorbo largo al cafe—, o quizas ninguno lograria sobrevivir sin el otro.
Me pongo de pie dejando entrever mis pijamas de bob esponja que combinan a la perfeccion con mis pantulas de scooby doo… demasiado cursie de mi parte quizas, pero entre cuatro paredes siempre priorizo mi comodidad.
—No puedo creer que aun las conserves.
La pelirroja sonrie al percatarse de mis animadas chancletas contagiandome y llevando a que mi mente se olvide por completo de mi incomoda resaca para enfocarse en la persona que tengo a unos pasos.
—Obviamente que las conservo.
Aseguro atando mi cabello en una coleta alta.
—Fueron un muy buen obsequio de una gran amiga.
Nos envolvemos en un fuerte abrazo que calma cada una de las tormentas que tengo en mi interior, evocando recuerdos de la persona que siempre aturde mis emociones y de como verlo en donde menos creia que lo veria convirtio mi noche en una de las mas incomodas.
—Tessa date prisa.
El castaño interrumpe el momento con el movil en su oido, lanzando un conjunto de shorts cortos con un mini top de cuadros.
—¿Qué sucede?
Suspira y eso no denota nada bueno.
—Una entrevista con Foxs.
Arrugo el entrecejo.
—No es razon para que…
—Estara Tomas.
El corazon se me detiene, para darle paso al extremo sudor que se acumula y a la sensacion que se instala en mi estomago para no irse, atiborrando mi mente de recuerdos no muy satisfactorios.
—Mierda.
Maldigo solo logrando articular esas palabras, conociendo exactamemte lo que me espera.
