Capítulo 6 Capitulo 5:
PANTERA.
Hacer algo que amas sin que te digan que es imposible es una de las mejores sensaciones del mundo…
Admiro la inmesidad del circuito que me devuelve la mirada con unos 6km. Mientras a lo lejos puedo escuchar el bullicio de personas que esperan en el paddock mi llegada.
—Debes tener algo de cuidado en algunas de estas curvas que vez aquí —anuncia Alan—, se te colocoran los neumaticos intermediate.
Llevo la pildora a mi boca, poniendo todo mi empeño para no vomitar, porque incluso ahora me resulta dificil a pesar de los años en los que esto se ha convertido en mi medicamento mas habitual.
—¿Te refieres a los que se usan para condiciones humedas? —cuestiono y el asiente—, ¿son estrictamente necesarios?
Se detiene a mi lado con su ceño fruncido.
—Fueron las recomendadas por las condiciones climaticas de este pais.
Muerdo mi labio inferior.
—No pienses en soltar el embrague antes de tiempo —advierte Tasher, captando mi atencion.
Asiento concentrandome en sus indicaciones. Diviso el garage donde se guarda el monoplaza, mientras los ingenieros se encargan de la estructura lateral que participa en la gestion del flujo y refrigeracion de este.
—Trata siempre de mantener una buena brake bias. —Alan me palmea la espalda—, es muy importante esa distribucion de esfuerzo a la hora de la frenada para evitar ciertos inconvenientes.
Pierre se mantiene escuchando con atencion a cada uno de los ingenieros que le muestran videos del monoplaza; ni siquiera uno de los patrocinadores principales se salva de todo lo que es la energia y mecanica de estos autos. Diviso como le muestra una pequeña sonrisa a cierto ser de unos dos metros que sostiene entre sus manos una llave inglesa; es el mismo que no deja de asentir a cada una de las ordenes que le dan, no entiendo como puede ser tan guapo y a la vez tener esa facilidad de sacarme de quicio.
Seria idiota y de hipocrita no admitir que a pesar de su pesima educacion es bastante atractivo. Su tamaño es una de las posibles cosas que mas podria llamar la atencion, ya que, midiendo unos dos metros, brazos cubiertos de tatuajes, grasa, ademas de no tener esa cantidad excesiva de musculos, sino algo muy bien proporcionado para una persona de su tamaño. Sumandole el color de sus ojos que la realidad contrasta con su cabello lacio desaliñado.
Ladea su cabeza cruzando sus orbes con los mios, percatandose de la ojeada bastante evidente.
—Muñeca, una foto dura mas.
Articula con sus labios, mostrando una sonrisa maliciosa de dientes completos.
Mis mejillas enrojecen sin razon aparente.
Que quede claro que no es mi tipo, pero podria ser claramente un buen modelo de revista masculina.
—Idiota —murmuro.
—¿Me estas escuchando John?
Unas manos se deslizan por delante de mi rostro captando toda mi atencion, corto el contacto visual con cierto ser insoportable.
—Obviamante .
Entrecierra los ojos sacandome una sonrisa que empeora el color en mis pomulos, con el intenso calor que se apodera de ciertos lugares visibles de mi rostro. Muerdo el interior de mi mejilla, a la vez que jugueteo con las mangas de mi uniforme rojo y blanco.
—¿Segura?
Asiento creyendo que mis oidos captaron algo de lo que salieron de sus labios, aunque la realidad es que por estar prestandole atencion a cierto personaje, no tuve la oportunidad de escuchar nada de lo que me recomendo que hiciera despues de que me dejara desconcentrar.
Debo poner mas atencion a ciertas cosas y no permitir que nada me disocie de lo importante que es esto para mi.
—Espero que no me estes mintiendo —da dos pasos en mi direccion—, esto podria costarte la vida.
Trago sintiendo el temblor que se apodera de mis manos.
—Emmm —abro los ojos mas de lo que deberia—, tranquilo, se como hacer las cosas.
Alzo el menton traqueando la clavicula intentando eliminar la tension de mis hombros captando la atencion de otro de los corredores que me echa una ojeada de arriba abajo con perversion.
—Al fin cara a cara con la famosa y reconocida Tessa John —se regodea rodeandome—, alias la pantera.
Su perfecta e impoluta mandibula se muestra completa en una sonrisa de satisfaccion y sorna. El entorno se torna tenso e incomodo sabiendo que todos estan expectantes esperando alguna reaccion feminista de mi parte… supongo que hay indicios para eso ya.
—¿Qué pasa? —medio curvo la esquina de mis labios en una sonrisa socarrona—, ¿Quieres que te firme la camisa?
Extiendo mi mano hacia Alan que entiende la idea dandome un boligrafo que desenfundo.
—Siempre tengo tiempo para mis fans.
El desconocido alza una de sus cejas, mordiendo su labio inferior con intenciones de responder bajo la mirada de cientos de personas que nos observan, tanto de su equipo, como del mio, con las camaras intentando adentrarse en el paddock.
—No estes tan segura muchachita —susurra con voz aspera y un buen olor a tabaco—, algunas curvas pueden ser muy peligrosas.
Lo observo mas tiempo del medianamente necesario.
No es viejo, pero tampoco tan joven, y aunque se puede ver el machismo que destila por cada uno de sus poros, se podria decir que tiene cierto encanto al estar a mi mismo nivel fisicamente. No tiene un tamaño impresionante.
—Ninguna curva es peligrosa para mi.
Asevero con mis hombros rectos, y mi sonrisa de dientes completos. Acomodo mi cabello detrás de mi oido dejando ver el pendiente de rubies.
—Quizas.
Relamo mis labios.
—Muñeca.
Tenso mis hombros, tragando con el corazon latiendo con fuerza dentro de mi pecho, al notar el sonido garrasposo de la voz que se detiene a mi espalda erizando cada poro de mi piel.
—Vaya —el desconocido se regodea—, hay viene tu guardaespaldas.
Niego.
—Tengo tan bien puestos los huevos que no necesito seguridad. —aprieto la mandibula.
—Bueno eso lo veremos en la pista.
Me da la espalda deteniendose al lado del capullo, cosa que logro ver por el rabillo del ojo que le dice algo en un tono mas bajo que solo pueden entenderse ellos dos.
—¡Cuidado!
El capullo ajusta su mandibula con fuerza e intenta golpear al desconocido, deteniendo su puño al sentir mi toque en su hombro, al instante de voltearme con prisa, percibiendo mas tension de la necesaria.
—¿Qué carajos piensas que haces?
Golpeo su pecho con fuerza, al menos la que me permite mi cuerpo logrando hacerlo retroceder.
—Muñeca…
Trago con mis manos temblando estrellando mis puños cada vez mas sin detenerme, impactando contra la dureza de su pecho, que termina causando estragos en mi sistema por las ganas de gritarle millones de palabrotas.
—¿Acaso planeas destruir mi carrera?
Baja la mirada dando tres pasos atrás que me hacen dar unos hacia su cuerpo.
—Controlate muñeca.
Su voz se convierte en una gravedad aspera y ruda que viene acompañada de un agarre potente en mis muñecas.
—No necesito de un guardaespaldas.
Rueda los ojos.
—Tampoco he dicho lo contrario.
Suspiro.
—¿Entonces a que viene que te metas donde no te llaman?
Ladea la cabeza.
—Vaya formas de dar las gracias.
Niego encogiendome de hombros.
—Nunca te pedi que intervinieras. —aclaro—, lo unico que hiciste fue dejarles en claro que la reconocida pantera es una muñeca de cristal que necesita proteccion…
—Cosa que no es asi.
—Obviamente.
Entrecierro los ojos queriendo golpearlo, pero esta vez en el rostro por idiota.
—Capullo —escupo con hastio acomodando un mechon de mi cabello.
—Malagradecida.
Alzo una de mis cejas.
—Egolatra.
Libera una sonrisa grutural que mueve su marcada nuez de Adan, mientras ciertas gotas de sudor mojan su rostro dandole un toque mas atractivo del que jamas admitiria en voz alta.
—Mojigata.
Acorta la distancia que nos separa quedando a unos escazos centimetros de mi, alza su rostro disminuyendo el espacio que mantienen cada una de sus fracciones lejos de las mias. Un poco menos y nuestros labios se rozarian.
—¿Qué crees que estas haciendo?
Relame sus labios captando la atencion de mis ojos.
—Vi como me veias antes, muñeca — acaricia mi mejilla—, el deseo se te nota en los poros.
Ejecuto una arcada tratando de estar a su altura.
—¿Deseo? —asiente—, ¡por dios!, deberias ir al oculista.
—¿Ah si?
—Obviamente —sonrio—, no eres mi tipo; guapo.
Le doy la espalda dejandolo con una expresion que activa mis ganas de reirme a carcajadas.
—Deseo —susurro—, que ciego que tienes que estar para pensar eso.
Los gritos llegan cuando salgo y se que estoy en casa.
—Es mi momento. PANTERA.
Hacer algo que amas sin que te digan que es imposible es una de las mejores sensaciones del mundo…
Admiro la inmesidad del circuito que me devuelve la mirada con unos 6km. Mientras a lo lejos puedo escuchar el bullicio de personas que esperan en el paddock mi llegada.
—Debes tener algo de cuidado en algunas de estas curvas que vez aquí —anuncia Alan—, se te colocoran los neumaticos intermediate.
Llevo la pildora a mi boca, poniendo todo mi empeño para no vomitar, porque incluso ahora me resulta dificil a pesar de los años en los que esto se ha convertido en mi medicamento mas habitual.
—¿Te refieres a los que se usan para condiciones humedas? —cuestiono y el asiente—, ¿son estrictamente necesarios?
Se detiene a mi lado con su ceño fruncido.
—Fueron las recomendadas por las condiciones climaticas de este pais.
Muerdo mi labio inferior.
—No pienses en soltar el embrague antes de tiempo —advierte Tasher, captando mi atencion.
Asiento concentrandome en sus indicaciones. Diviso el garage donde se guarda el monoplaza, mientras los ingenieros se encargan de la estructura lateral que participa en la gestion del flujo y refrigeracion de este.
—Trata siempre de mantener una buena brake bias. —Alan me palmea la espalda—, es muy importante esa distribucion de esfuerzo a la hora de la frenada para evitar ciertos inconvenientes.
Pierre se mantiene escuchando con atencion a cada uno de los ingenieros que le muestran videos del monoplaza; ni siquiera uno de los patrocinadores principales se salva de todo lo que es la energia y mecanica de estos autos. Diviso como le muestra una pequeña sonrisa a cierto ser de unos dos metros que sostiene entre sus manos una llave inglesa; es el mismo que no deja de asentir a cada una de las ordenes que le dan, no entiendo como puede ser tan guapo y a la vez tener esa facilidad de sacarme de quicio.
Seria idiota y de hipocrita no admitir que a pesar de su pesima educacion es bastante atractivo. Su tamaño es una de las posibles cosas que mas podria llamar la atencion, ya que, midiendo unos dos metros, brazos cubiertos de tatuajes, grasa, ademas de no tener esa cantidad excesiva de musculos, sino algo muy bien proporcionado para una persona de su tamaño. Sumandole el color de sus ojos que la realidad contrasta con su cabello lacio desaliñado.
Ladea su cabeza cruzando sus orbes con los mios, percatandose de la ojeada bastante evidente.
—Muñeca, una foto dura mas.
Articula con sus labios, mostrando una sonrisa maliciosa de dientes completos.
Mis mejillas enrojecen sin razon aparente.
Que quede claro que no es mi tipo, pero podria ser claramente un buen modelo de revista masculina.
—Idiota —murmuro.
—¿Me estas escuchando John?
Unas manos se deslizan por delante de mi rostro captando toda mi atencion, corto el contacto visual con cierto ser insoportable.
—Obviamante .
Entrecierra los ojos sacandome una sonrisa que empeora el color en mis pomulos, con el intenso calor que se apodera de ciertos lugares visibles de mi rostro. Muerdo el interior de mi mejilla, a la vez que jugueteo con las mangas de mi uniforme rojo y blanco.
—¿Segura?
Asiento creyendo que mis oidos captaron algo de lo que salieron de sus labios, aunque la realidad es que por estar prestandole atencion a cierto personaje, no tuve la oportunidad de escuchar nada de lo que me recomendo que hiciera despues de que me dejara desconcentrar.
Debo poner mas atencion a ciertas cosas y no permitir que nada me disocie de lo importante que es esto para mi.
—Espero que no me estes mintiendo —da dos pasos en mi direccion—, esto podria costarte la vida.
Trago sintiendo el temblor que se apodera de mis manos.
—Emmm —abro los ojos mas de lo que deberia—, tranquilo, se como hacer las cosas.
Alzo el menton traqueando la clavicula intentando eliminar la tension de mis hombros captando la atencion de otro de los corredores que me echa una ojeada de arriba abajo con perversion.
—Al fin cara a cara con la famosa y reconocida Tessa John —se regodea rodeandome—, alias la pantera.
Su perfecta e impoluta mandibula se muestra completa en una sonrisa de satisfaccion y sorna. El entorno se torna tenso e incomodo sabiendo que todos estan expectantes esperando alguna reaccion feminista de mi parte… supongo que hay indicios para eso ya.
—¿Qué pasa? —medio curvo la esquina de mis labios en una sonrisa socarrona—, ¿Quieres que te firme la camisa?
Extiendo mi mano hacia Alan que entiende la idea dandome un boligrafo que desenfundo.
—Siempre tengo tiempo para mis fans.
El desconocido alza una de sus cejas, mordiendo su labio inferior con intenciones de responder bajo la mirada de cientos de personas que nos observan, tanto de su equipo, como del mio, con las camaras intentando adentrarse en el paddock.
—No estes tan segura muchachita —susurra con voz aspera y un buen olor a tabaco—, algunas curvas pueden ser muy peligrosas.
Lo observo mas tiempo del medianamente necesario.
No es viejo, pero tampoco tan joven, y aunque se puede ver el machismo que destila por cada uno de sus poros, se podria decir que tiene cierto encanto al estar a mi mismo nivel fisicamente. No tiene un tamaño impresionante.
—Ninguna curva es peligrosa para mi.
Asevero con mis hombros rectos, y mi sonrisa de dientes completos. Acomodo mi cabello detrás de mi oido dejando ver el pendiente de rubies.
—Quizas.
Relamo mis labios.
—Muñeca.
Tenso mis hombros, tragando con el corazon latiendo con fuerza dentro de mi pecho, al notar el sonido garrasposo de la voz que se detiene a mi espalda erizando cada poro de mi piel.
—Vaya —el desconocido se regodea—, hay viene tu guardaespaldas.
Niego.
—Tengo tan bien puestos los huevos que no necesito seguridad. —aprieto la mandibula.
—Bueno eso lo veremos en la pista.
Me da la espalda deteniendose al lado del capullo, cosa que logro ver por el rabillo del ojo que le dice algo en un tono mas bajo que solo pueden entenderse ellos dos.
—¡Cuidado!
El capullo ajusta su mandibula con fuerza e intenta golpear al desconocido, deteniendo su puño al sentir mi toque en su hombro, al instante de voltearme con prisa, percibiendo mas tension de la necesaria.
—¿Qué carajos piensas que haces?
Golpeo su pecho con fuerza, al menos la que me permite mi cuerpo logrando hacerlo retroceder.
—Muñeca…
Trago con mis manos temblando estrellando mis puños cada vez mas sin detenerme, impactando contra la dureza de su pecho, que termina causando estragos en mi sistema por las ganas de gritarle millones de palabrotas.
—¿Acaso planeas destruir mi carrera?
Baja la mirada dando tres pasos atrás que me hacen dar unos hacia su cuerpo.
—Controlate muñeca.
Su voz se convierte en una gravedad aspera y ruda que viene acompañada de un agarre potente en mis muñecas.
—No necesito de un guardaespaldas.
Rueda los ojos.
—Tampoco he dicho lo contrario.
Suspiro.
—¿Entonces a que viene que te metas donde no te llaman?
Ladea la cabeza.
—Vaya formas de dar las gracias.
Niego encogiendome de hombros.
—Nunca te pedi que intervinieras. —aclaro—, lo unico que hiciste fue dejarles en claro que la reconocida pantera es una muñeca de cristal que necesita proteccion…
—Cosa que no es asi.
—Obviamente.
Entrecierro los ojos queriendo golpearlo, pero esta vez en el rostro por idiota.
—Capullo —escupo con hastio acomodando un mechon de mi cabello.
—Malagradecida.
Alzo una de mis cejas.
—Egolatra.
Libera una sonrisa grutural que mueve su marcada nuez de Adan, mientras ciertas gotas de sudor mojan su rostro dandole un toque mas atractivo del que jamas admitiria en voz alta.
—Mojigata.
Acorta la distancia que nos separa quedando a unos escazos centimetros de mi, alza su rostro disminuyendo el espacio que mantienen cada una de sus fracciones lejos de las mias. Un poco menos y nuestros labios se rozarian.
—¿Qué crees que estas haciendo?
Relame sus labios captando la atencion de mis ojos.
—Vi como me veias antes, muñeca — acaricia mi mejilla—, el deseo se te nota en los poros.
Ejecuto una arcada tratando de estar a su altura.
—¿Deseo? —asiente—, ¡por dios!, deberias ir al oculista.
—¿Ah si?
—Obviamente —sonrio—, no eres mi tipo; guapo.
Le doy la espalda dejandolo con una expresion que activa mis ganas de reirme a carcajadas.
—Deseo —susurro—, que ciego que tienes que estar para pensar eso.
Los gritos llegan cuando salgo y se que estoy en casa.
—Es mi momento.
