Capítulo 184

Miré la mesa.

Vacía. Ni siquiera había una servilleta.

Y Ava seguía aferrada a mí como si le fuera la vida en ello, con todo el cuerpo pegado al mío. Tenía la cara hundida contra mi estómago, y sus lágrimas seguían cayendo, una tras otra, empapando casi de inmediato un buen tramo de mi ropa.

Le di...

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