Capítulo 31 Quiero un papá

PATRICIA

De camino a casa, Samantha no dejaba de llorar.

Una vez en casa, Samantha se aferró a mí como un mono araña. Rápidamente cogí su mantita y la senté en el sofá, lo que no le gustó nada.

—¡No! ¡No! ¡Mamá! ¡No!—, gritó cuando fui a la cocina a calentarle la leche.

Cuando volví a la habitac...

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