Capítulo 10 Lágrimas de cristal y castillos de naipes

La penumbra de mi oficina en el edificio Santorini parecía cerrarse sobre mí como una tumba de cristal.

La desesperación me estaba consumiendo vivo desde adentro.

El silencio de la noche era mi peor enemigo, roto únicamente por el eco constante de mis propios pasos apresurados.

Elena había desapa...

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