Capítulo 38 Se cortó las venas por ti.

El hombre palideció, pero siguió trabajando. Damián volvió a mirar a su hijo. Se inclinó y besó la frente sudorosa y fría de Nico.

—No me hagas esto... —le suplicó Damián en un susurro que Mariana escuchó a pesar de la sirena—. No te lleves lo único que me queda. No seas como tu madre. Quédate aquí...

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