Capítulo 32 AMENAZANDOLA

SEBASTIAN

“Desquiciante”.

Apreté mis dedos alrededor de su nuca, obligándola a inclinar el rostro hacia mí. Su mirada no cedía ni un solo milímetro de terreno; ardía con una altivez salvaje que me quemaba las entrañas.

—¿Crees que me importa la junta, Alana? —murmuré pegado a sus labios...

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