Sombras al acecho.

—Su gracia, el rey exige su presencia urgentemente—me informó Edgar, un guardia de mis aposentos, con una mirada tan perturbada que me hizo detener mi escritura en mi diario. Después de dejar a Mayilla, me puse a estudiar de inmediato.

—¿Qué sucede, Edgar?—le pregunté, prestándole toda mi atención....

Inicia sesión y continúa leyendo