Capítulo 5 Capítulo: Aprender a vivir sin ti
—Siempre vas a contar conmigo —dijo Luke—. Además, nos veremos. Perteneces a mi familia.
Hannah bajó la mirada.
—Me iré.
Luke frunció el ceño.
—¿A dónde?
—Creo que iré con tu hermana a estudiar a Boston.
Durante unos segundos, Luke no supo qué responder.
Después asintió lentamente.
—Eso es bueno.
Intentó sonreír.
—Estudiar, conocer otros lugares, alejarte de todo esto… quizá sea lo mejor para ti.
Hannah no respondió. Se limitó a mirar hacia otro lado.
Luke entendió la indirecta. Ya debía marcharse.
Pero no quería hacerlo. No quería dejarla allí, llorando por su culpa.
—No quiero que te quedes llorando por mí.
Luke se acercó y se puso de cuclillas frente a ella.
Tomó sus manos. Hannah se tensó de inmediato.
Por un instante quiso apartarse, pero él sostuvo sus manos con suavidad.
—Yo no te merezco, Hannah.
Ella cerró los ojos.
—No soy el hombre que necesitas. Algún día lo comprenderás y mirarás hacia atrás pensando que fue bueno haberte librado de mí.
Hannah apretó los labios.
Luke continuó:
—Perdóname. De verdad deseo que seas feliz.
Ella no quería mirarlo. No quería ver sus ojos.
Porque sabía que, si lo hacía, volvería a derrumbarse.
Pero finalmente levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Había dolor. Había resentimiento.
Y, sobre todo, había tristeza por todos los sueños que acababan de morir.
—Lo haré —respondió ella.
Su voz era baja.
—Algún día despertaré y ya no serás importante para mí.
Luke se quedó inmóvil. Hannah lo miró directamente.
—Te lo juro.
Había algo oscuro en sus ojos. No era una amenaza.
Era una promesa. Una promesa que Luke no sabía si quería creer.
Bajó la mirada.
—Está bien.
Se puso de pie.
—Si quieres terminar todo así, lo entiendo.
Hizo una pausa.
—Pero quiero que sepas algo. No importa cuánto tiempo pase ni lo que ocurra entre nosotros, siempre serás una persona especial para mí. Si algún día necesitas algo, estaré ahí.
Hannah soltó una risa amarga.
—Yo nunca te necesitaré.
Luke la miró.
—Hannah…
—Nunca volveré a ti.
Las palabras lo golpearon más de lo que esperaba.
Luke asintió lentamente.
—Entiendo.
Se giró para marcharse.
Dio apenas un par de pasos.
Entonces escuchó el llanto de Hannah.
Se detuvo.
Cerró los ojos. No quería mirar atrás.
Sabía que, si lo hacía, sería más difícil irse.
Pero escuchó sus pasos.
Cuando se volvió, Hannah ya estaba frente a él.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Cuídate —susurró.
Luke apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Hannah rodeó su cuello con los brazos y lo besó.
Fue un beso desesperado. Un beso que no pedía amor. Solo una última oportunidad para sentirlo cerca.
Luke se quedó inmóvil durante unos segundos.
Después sus manos fueron hasta la cintura de Hannah.
La acercó. Y respondió al beso.
El mundo pareció detenerse.
Luke había pensado que podría despedirse de ella con calma.
Pero en cuanto sus labios se encontraron, todos los recuerdos de aquellos seis meses regresaron.
Y aquella noche en la casa de la bahía. Luke sintió que estaba perdiendo el control.
Hannah también lo sintió. Sus manos subieron hasta su cabello mientras él la estrechaba contra su cuerpo.
Durante unos instantes, ninguno de los dos pensó en el divorcio.
Solo estaban ellos.
Luke inclinó el rostro y besó su cuello.
Hannah cerró los ojos. Pero entonces él se detuvo.
Abrió los ojos y respiró profundamente.
¿Qué estaba haciendo? Se apartó de ella.
—No.
Su voz salió entrecortada.
Hannah lo miró confundida. Luke pasó una mano por su rostro.
—Debo irme.
Ella permaneció inmóvil.
Había dolor en sus ojos, pero también una comprensión amarga.
Luke siempre había sido capaz de desearla. Lo que nunca había podido hacer era amarla.
Y eso era mucho peor.
—Está bien —susurró.
Luke dio un paso hacia la puerta. Por alguna razón, le costaba respirar.
Miró hacia atrás.
Hannah seguía de pie junto a la cama, demasiado triste y desolada, solo mirandolo.
—Adiós, Hannah.
Ella sostuvo su mirada.
—Adiós, Luke.
Él salió, se fue sin mirar atrás
La puerta se cerró lentamente.
Hannah esperó unos segundos antes de llevarse una mano al vientre, aún no sentía a su bebé, pero ahi estaba una vida creciendo.
Las lágrimas volvieron a caer por sus mejillas, le dolía su corazón, pero sabía que debía ser fuerte, debía salir adelante. Incluso sola.
—No te preocupes, mi bebé —susurró—. Mamá no obligará a papá a quedarse.
Se limpió el rostro. Y por primera vez desde que Luke había entrado en aquella habitación, Hannah comprendió que tenía que aprender a vivir sin él.
