Capítulo 7 Capítulo: ¿Te casarás con ella?

Luke salió detrás de Isabella.

La encontró caminando rápidamente hacia el auto, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Él aceleró el paso hasta alcanzarla y, sin pensarlo demasiado, la abrazó por la cintura.

—Isabella…

Ella se detuvo, pero no se giró. Luke apoyó el rostro cerca de su cabello y cerró los ojos.

—Perdóname. Soy un tonto.

Isabella respiró profundamente antes de responder.

—Ella es más joven que yo, Luke. Es hermosa, dulce… y te conoce desde hace tantos años. Puede hacerte feliz de una manera que quizá yo ya no pueda.

Luke frunció el ceño.

—No digas tonterías, por favor.

Isabella finalmente se giró para mirarlo. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Tengo miedo.

—¿De qué?

—De que hayas dejado de amarme y todavía no te hayas dado cuenta.

Aquellas palabras hicieron que Luke se quedara callado. Durante unos segundos, la observó sin saber qué decir.

No quería perder a Isabella. Había pasado tanto tiempo creyendo que algún día volvería a su vida, y ahora que finalmente estaba frente a él, no quería que las dudas destruyeran lo que acababan de recuperar.

Tomó su rostro entre las manos.

—No es así. Te amo, Isabella.

Ella cerró los ojos.

—Entonces demuéstramelo.

Luke tragó saliva. Quizá estaba cansado de las dudas. Quizá simplemente quería terminar con aquella sensación de incertidumbre que lo perseguía desde que Hannah había firmado el divorcio.

O quizá, sin darse cuenta, estaba intentando convencer a Isabella… y también a sí mismo.

—¿Sabes qué? —dijo finalmente—. Casémonos en quince días.

Isabella abrió los ojos de golpe.

—¿En quince días?

Luke asintió.

Ella sonrió entre lágrimas y se lanzó a sus brazos.

—¡Sí! ¡Sí quiero!

Lo abrazó con fuerza. Luke correspondió al abrazo.


Al día siguiente

Hannah conducía por las afueras de la ciudad, por la mañana.

Tenía la mente llena de pensamientos y apenas prestaba atención al paisaje que pasaba frente a sus ojos.

Hasta que algo llamó su atención.

Una figura conocida. Hannah redujo la velocidad.

Miró nuevamente. Era Isabella. Estaba de pie junto a un hombre.

Hannah frunció el ceño. No podía distinguir su rostro. Parecía un hombre de unos cuarenta años, con algunas canas en el cabello y una presencia que, por alguna razón, le resultaba extrañamente familiar.

Hannah estacionó a cierta distancia. No quería ser vista.

Bajó del automóvil y se acercó unos pasos.

Isabella hablaba con aquel hombre en voz baja.

Hannah intentó escuchar, pero estaban demasiado lejos.

Entonces ocurrió. El hombre tomó a Isabella del rostro y la besó.

Hannah se quedó completamente paralizada. Sus ojos se abrieron de par en par.

No podía creer lo que estaba viendo.

¿Isabella tiene otra pareja?

Miró al hombre nuevamente, estaba de espaldas, no podía ver su rostro. Había algo extraño en aquella escena.

Porque si Isabella tenía una relación con otro hombre… ¿por qué había regresado buscando a Luke?

Hannah retrocedió lentamente. No quería que la vieran.

Si Isabella amaba tanto a Luke…

Hannah entrecerró los ojos.

Entonces, ¿quién era ese hombre?

Esa noche, Hannah no podía dejar de pensar en lo que había visto.

Isabella besando a otro hombre.

La imagen se repetía una y otra vez en su cabeza.

Durante unos minutos, pensó en guardar silencio.

Quizá no era asunto suyo.

Luke ya había elegido a Isabella. Ya había pedido el divorcio. Incluso estaba dispuesto a casarse con ella.

Pero Hannah no podía hacerlo.

No podía quedarse callada mientras el hombre que había amado durante tantos años caminaba directamente hacia una mentira.

Aunque Luke ya no la amara, aunque acabara de destruir su matrimonio, Hannah no quería verlo sufrir de nuevo.

Tenía que decírselo.

Y para hacerlo, debía hablar con toda la familia.


Hannah encendió el auto y condujo hasta la mansión Hamilton.

Cuando llegó, una de las empleadas abrió la puerta y se quedó sorprendida al verla. Nadie la esperaba ahí

—¿Señora Hannah?

Hannah entró sin responder.

—¿Dónde están todos?

La mujer titubeó.

—En el comedor, cenando.

Hannah vio el automóvil de Luke estacionado afuera.

Su corazón dio un vuelco.

—¿Luke está aquí?

La empleada asintió.

Hannah respiró profundamente.

Quizá era mejor así. No tendría que buscarlo después. Podría decirles a todos lo que había visto y dejar que Luke tomara su propia decisión.

—Gracias.

Caminó hacia el comedor.

Apenas llegó al pasillo, escuchó voces.

La voz de Sarahí. La de Corina. Y entonces escuchó la de Isabella.

Hannah se detuvo. Por alguna razón, sintió un escalofrío.

Empujó la puerta.

Todos levantaron la mirada. Luke fue el primero en verla.

Su rostro cambió inmediatamente.

—Hannah…

Ella no respondió. Sus ojos recorrieron la mesa.

Sarahí estaba allí. Corina, que era su mejor amiga, y hermana menor de Luke, también.

Y frente a ellas estaban sentados en la mesa Luke… Isabella.

Hannah sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Qué hace ella aquí? —preguntó.

Su voz salió baja, pero cargada de rabia.

Sarahí se levantó inmediatamente.

—Hannah…

Isabella también se puso de pie. Y antes de que Luke pudiera detenerla, habló.

—Estoy aquí porque Luke y yo hemos decidido volver.

Hannah la miró fijamente.

—¿Qué?

Isabella sonrió, tomó la mano del hombre con fuerza.

—Vamos a casarnos.

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