Capítulo 6 6. Taraaaaaa

Romina

Lola saliendo por la puerta y mi compañera y amiga Mónica haciendo gala de su buena onda entro con bolsas de super diciendo “Taraaaaa”

—Traje para hacer la cena, la comida chatarra esta bien, pero mi salud no lleva bien ese tipo de dietas— agrega mientras deja las bolsas encima del mesón de la cocina.

—Podíamos ir juntas a comprar — arrugue la nariz disgustada por ese hecho.

Puede parecer algo muy inocente, pero sabía lo que hacía, querían hacerme la vida más fácil y así era CC y mi mamá con sus muchos tappers en la nevera. Le gustaban ayudarme en exceso y sé que apenas llego a fin de mes con los gastos de Luciano sin embargo no me gusta crear lastima con las personas a mi alrededor no es mi tipo y honestamente lo evitaba.

—Me dejaste sola ¿recuerdas? — chasqueo la lengua la lengua, rebatiendo mi argumento.

Pero sabía bien que se había agarrado de eso para hacer las compras de una semana.

—Me rindo, ustedes son incorregibles.

—Cocinas tú, te queda de maravilla cocinar comida sana a mí se da del asco.

Era cierto, Mónica tenía muchas virtudes, pero la cocina no era uno de ellas, me reí por que no tenía mas remedio y me dispuse a cocinar, saqué muchas cosas, algunos vegetales, pollo, carne y el pescado favorito de Luciano, ya estaba cambiada así que mi amiga se dispuso a usar mi regadera y luego se sentó con Luciano a ver que hacía, Luciano adoraba a sus tías políticas, ambos bromearon y se contaron chiste y me ocupe en que fueran adecuados para mi hijo de tres años.

—Vengan a comer— los llamé una vez que todo estuvo listo.

Les serví un delicioso plato con polo al vapor y salsa blanca, verduras salteadas y ensalada fresca, ambos tomaron asiento y Luciano arrugo el morro cuando vio que su plato contenía berenjenas, las odiaba pero cada cierto tiempo las incluía en su dieta.

—No me veas así, debes comerlas — le advertí adivinando lo que pensaba.

—Pero.. pero mamá.

—Ni mamá ni leches en vinagres, Luciano Latorre

—Esta bien, mami — Luciano odiaba hacerme molestar.

Comenzamos a comer y me sabía fatal que Mónica comprara todo.

—Deja de darle cuentas a todo, Romina. Esta semana me toca prácticamente vivir en tu casa así que quise aportar algo— mi amiga siempre se adelantó a mis pensamientos.

—En eso tienes razón, debemos darle muy duro al trabajo— metí un trozo de pollo saboreando mi comida.

—Mami, dijiste que golpear a un compañero es malo, por que golpearías el trabajo?— Mi hijo tenía cada pregunta que causaba gracia.

Mi amiga y yo rompemos a reír en carcajadas por la inocencia tan bella de Luciano

—No mi cielo, lo que quise decir es que tenía que trabajar con mucho esfuerzo para lograr tener la cuenta importante— le recordé la cuenta de la que hablamos en la mañana.

Me gustaba compartir mi día con Luciano, era un niño muy inteligente para su edad.

—Yo pensé que no sería justo que tú si puedas golpear a alguien y yo no— refunfuño.

Hay niños que lo molestan en el colegio y se agarró a puñetes y le dije que eso no era correcto.

Volvíamos a reír de nuevo y en este caso se nos unió mi pequeño, a pesar de su corta edad es muy bromista e ingenioso y a veces le gasta bromas pequeñas a los vecinos, estos se lo toman con deportividad por que no ha sido nada grave. Aún.

Luego de comer le puse un documental de ballenas orcas y nosotras nos pusimos a trabajar en el power point, si todo salía bien queríamos hacer una pequeña maquetación para que tuvieran una visión de lo que queríamos, el señor Collins quería algo fresco y nosotras queríamos darselo, las cremas y cosmeticos de FantLine era una maravilla, de buena calidad y sobre la investigación de mercadeo que hicimos a precios accesibles.

Hicimos las proyecciones de venta y también estudiamos el mercado que tuvo la empresa hace unos años atrás, vimos todo el material posible hasta que se hizo la hora de descansar, llevé a Luciano a su recámara y repetimos lo mismo del día anterior, Mónica y yo durmiendo juntas.

—¿Por qué no te gusto el millonetas?— Preguntó cuando la luz estaba apagada.

—No es que no me guste, me recuerda mucho a…— calle la boca sin poder terminarlo.

—¿Si? se me hizo algo familiar, ahora que lo dices ya se de donde ¿Quieres que averigüe si es el mismo?— Se ofreció y no me pareció justo.

—No, si es él no se acuerda de mí y para que alborotar el pasado, es mejor dejarlo como esta — llegue a esa conclusión temprano.

—No me parece que…— intentó decirme por lo que la interrumpo.

—Dije que no, Mónica y en esto por favor hazme caso.— Le pedí encarecidamente.

—Bien, esta bien no meteré mi cuchara— la conocí a tan bien que se seguro estaba torciendo la boca en una mueca de fastidio.

—Y por el amor de Dios, no le digas nada a CC ya sabes como se pone con ese tema— le advertí.

—Bien, bien en boca cerrada no entran moscas.— Finalizó mi amiga.

Y con eso nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente mi niño estaba dormido esta vez, se acostó más tarde de lo normal así que preferí dejarlo descansar, igual no comenzaba sus primeras clases en el jardín de niños hasta dentro de 3 meses.

Me dispuse hacer el desayuno antes de meterme al cuarto de baño, le preparé té a Monica que ayer trajo como de dos sabores más, chocolate a Luciano y un café para mí porque era amante de este, luego de preparar todas las distintas bebidas hice unos panqueques con virutas de chocolates orgánico para Luciano, para Mon y para mí eran normales, me fui a mi recámara para ver que me ponía y escogí un lindo vestido azulón, unas zapatillas bajitas y clásicas, luego fui al baño en el momento que mi amiga venía saliendo con una toalla alrededor de su pecho, seguía medio gruñona lo de ella no eran las mañanas.

Nos vestimos y desayunamos, mientras mi niño a penas se levantaba.

—Buenos días preciosa — saludó.

Luciano era muy caballeroso y amaba eso de mi pequeño.

— Buenos días, encanto— besé su cabecita.

Textee a Lola y me dijo que ya subía, mientras fui preparando todo para irnos.

—¿Estas lista?— me preguntó mi amiga.

—Listísima, vámonos — le sonreí.

Ya había tomado su té y luego de su té ella era más gente.

Nos paramos en el Starbucks para comprar el típico café para Genoveva, mis magdalenas no pudieron faltar y estábamos saliendo cuando alguien nos llamo. Ambas gitanos y nos quedamos de piedra en el sitio.

—Hola… Romina ¿cierto?— el señor Collins se acercaba a nosotras de manera cautelosa con una sonrisa deslumbrante.

—Eeh.. si— respondí temerosa. ¿qué hacía aquí este hombre.

Tenía un poco de temor por saber que deseaba el hombre, era muy temprano en la mañana por lo que no sabíamos que hacía tan cerca de la agencia y él nos saca de mi duda como si leyera mi mente.

— Estoy por entrar a una reunión y las vi y quise saludar — sonrió de nuevo y mis rodillas temblaron.

—Hola señor Collins— llegó mi amiga salvando el día — mucho gusto, me llamo Mónica soy compañera de Romina, Crue… la jefa nos dio a nosotros también tu cuenta tenemos ideas maravillosas.

Ok, no me salvó de nada…- Dios esta mujer no tenía filtro a la hora de hablar.

—¿Le podemos ayudar en algo señor?— tomé las riendas de la conversación.

Mónica podía decir cualquier barbaridad.

—Por favor díganme Jacob y no, solo saludarla… es que las reconocí ¿ esta fuera de lugar?— Se veía un poco arrepentido por su efusividad.

—No, para nada, solo pensamos que podía necesitar algo, señor Jacob— agregue educada sin cruzar la línea.

—No, no. Nos vemos mañana para la decisión. Mucha suerte— nos regaló una sonrisa más y se dio media vuelta.

Monica y yo vimos como se perdía por las calles, luego nos vimos ella y yo a los ojos y soltamos una carcajada que llamó la atención de varios transeúntes, pero no nos importó, fue bastante rocambolesca la situacion.

—Lo cautivaste, nena— me dice mi amiga con vacile.

—Estas malita… solo vino a saludar. ¿Extraño? sí, pero aja hay cada persona excéntrica y extraña en Nueva york— excusé al hombre.

Según mis amigas tenía un problema de autoestima porque jamás me creo que alguien este tirándome los tejos, hasta que de verdad me lo dicen y aún así a veces creo que bromean, a ver. No soy mala y se que soy bonita, pero soy práctica.

Soy la chica simpática, Mónica la atrevida y CC la despampanante así que me quedo sola cuando los hombres la atacan, no me gusta ilusionarme con nadie puesto que siempre pasa algo malo, ya sabes lo que dicen: mala en el amor buena en el dinero. Pues bien alguien me ha timado, por que ni amor ni dinero.

Sin embargo no me gusta embolatarme la vida con cosas así, las pocas personas con las cuales he congeniado en la intimidad termina siendo un total desastre así que, no gracias.

Con eso en mente regreso a mi camino y nos vamos directas a la agencia y esta vez justo a tiempo, nosotras llegando y Genoveva bajando de su lujoso coche, a veces envidiaba a la perra.

Debería enfocarme en mi trabajo y mi hijo ya pedir qué me vaya bien en el amor es avaricia.

Me río de las cosas que pienso mientras enciendo mi computadora y enseguida salta un mensaje de Genoveva, en la agencia había mensajes internos privados y públicos y a Genoveva le encantaba q usarlo para mandarnos hacer cualquier tipo de cosas.

*Roberta, busca mi vestido de Carolina Herrera en la tintoreria y por favor no lo eches a perder como el Praga.

Me mordi la lengua para no gritar a la pantalla, yo no dañe nada, luego de entregarle el vestido, su estúpido gato se puso afilar sus garrar del mismo, que iba a saber yo que el gatito ama afilar sus garritas de vestidos más costosos que mi apartamento, por su puesto que lo descontaron por seis meses como fideos de microondas.

—Debo salir, ¿necesitas algo más?— le pregunté a Mon, mientras se acomodaba en su silla.

—Vacaciones en Dubai con un sexy Árabe que me masajee los pies y me llene de oro— fantasea despierta

—Si, bueno eso no puedo conseguirlo no soy el genio de la lámpara—

—Joder, ojala lo fueras.

Nos reímos entre dientes y comencé a caminar para salir de la agencia y dirigirme al otro polo de Nueva York, Genoveva no va a cualquier Tintorería y si quiere ese vestido es por que hoy sale de cacería, esa mujer adoraba estar con hombres más jóvenes, a nadie le importaba, pero ella lo mantenía como un sucio secreto, a mi en particular me importa tres pimientos si quiere ser la sugar mommy de cualquier tipejo que venda sexo por cosas.

Estaba bajando del ascensor para salir del edificio y enfilarme al metro cuando me encuentro con una pared de traje a la medida con una colonia divina me invade.

Miré hacía arriba y allí estaba el dueño de ese perfume, un hombre de cabellos rizado y rebelde, un traje a medida que te quedaba como un guante y una mirada afable.

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