Capítulo 7 7. Mi sueño era...
Romina
Desde antes de entrar a trabajar en la agencia mi sueño era ser una gran publicista, el sueño tuve que guardarlo por las responsabilidades que conlleva ser madre y no por que no pudiera sino porque no podía darme el lujo de dejar mi trabajo, Genoveva es una pésima jefa, pero verla trabajando con sus ideas innovadoras era un lujo que me encantaba ver cada vez que podía, sin embargo sabía que ella en un futuro cercano no me iba a dejar tocar una publicidad, siempre he querido pensar en el porque, luego llegue a pensar que era racista, después me costo entender que así es ella… Genoveva no tiene corazón y lamentandolo mucho yo necesito el empleo.
Aún tengo frente a mí al chico que no me deja irme de aquí, necesito llegara la tintoreri en menos de nada por que asi son las cosas con Genoveva.Rapidas y si no no estas haciendo nada y eres una floja.
—Buenos días, estoy buscando una agencia de publicidad — el hombre frente a mí me ve de manera amable, pero detallando mi cuerpo.
—Allí — señale detrás de él — vas encontrar a la recepcionista— respondí de la manera más amable posible.
Es guapo alto, moreno, de cabello rizado y unos lindos ojos entre verdes claro y marrón, la cara de un bebé sin ningún vello facial, de mirada y sonrisa amable, era un poco más alto que yo y vestido bien con su caro traje, pero no tengo tiempo que perder y el hombre no se quita.
—Ya, pero si no te quitas no puedo salir, si no salgo no entras al ascensor y aquí nos quedaremos todo el día— chasquee la lengua.
El hombre tuvo la decencia de parecer avergonzado y dio un paso atrás y otro a hacía un lado para dejarme vía libre, su presencia era un poco imponente, aunque más afable que otro cosa.
—Disculpa estaba distraído con tu belleza— su piropo me hizo arrugar el morro.
Estuve a punto de poner los ojos en blanco, si esa frase le ha ganado mujeres le felicito, sin embargo conmigo no van, chasquee la lengua de nuevo y lo vi a la cara muy seria.
—Gracias… supongo— comencé a caminar y rumiar mis penas.
¿por qué tenía que encontrar a cada idiota del planeta?
Hoy la gente estaba extraña, caminé hacia la salida y me perdí entre la masa de gente ocupada de New York.
Primero el cliente al que tenía que hacerle la mejor publicidad del mundo para cambiar mi vida y ahora el señor con cara de bebé.
Luego de pasear por todo New York en metro estaba de regreso con lo que Genoveva había pedido más otras cosas que se le ocurrió pedir, cuando subí y pude sentarme en mi lugar Monica estaba de los pelos. Atender sola a Genoveva es un suplicio, se pone más exigente y loca.
—Menos mal llegaste, tengo ganas de ir al baño — la cara de apuros era inconfundible.
Me rei entre dientes y le hice una seña con la mano para que se largara.
Ya en mi puesto concrete unas citas que Mónica no ha podido por culpa de Cruela, confirmé todas las citas de esta tarde y solo se canceló la última, el hombre que le tocaba venir tuvo no se que problema así que ese hueco en su agenda estaba libre, me levanté, respire profundo y toque a su puerta, escuché cuando me dio permiso y entré. Sería un error garrafal entrar sin su consentimiento.
—¿Qué necesitas, Rosa?— preguntó con todo el sarcasmo.
Apreté los dientes para que no saliera con una de las mías y mientras pellizcaba mi muslo para no salirme de tono comencé hablar.
—Jonh Hill no puede atenderla hoy, dice que para la próxima semana tiene un hueco libre que mil disculpas— Recite lo que el hombre me dijo.
—Es la cita de las…— hizo una seña de apurate con las manos y más rabia me entró al cuerpo.
—De las cuatro, la última— respondí calmadamente aunque por dentro era un volcán apunto de hacer erupción — ¿pongo otra cita o la dejo libre?
Normalmente su agenda siempre estaba llena, pero días como hoy a veces los aprovecha para hacerse un tratamiento completo en el spa y nos deja ir temprano y eso me encantaría justo hoy, para terminar el proyecto y mostrarlo mañana.
—No, tengo ganas de irme a la peluqueria… Llama a Nilo y dile que necesito una cita urgente.— Trono los dedos como si yo fuera un perro.
Anote con más brío y casi rasgo la hoja.
—Si, señorita Genoveva— murmure.
—Retirate, Rosita— sonrió de manera perversa.
Era nuestra guerra desde que entré aquí y le dije señora, no puede despedirme por que sabe que pondría una demanda más temprano que tarde, además sólo estaba siendo educada así que comenzó a odiarme y llamarme por otro nombre y yo a repetirme mantras como loca para no dejar mi trabajo.
- necesitas el empleo, es rico tener la mesa llena de comida, tu hijo necesita un techo*
Con ese pensamiento regreso otra vez a mi silla para llamar al pobre de Nilo.
—La brasileña mas hermosa de Brasil, se acuerda de los pobres— saluda Nilo en lo que descuelga.
No soy de Brasil, de echo nací y crecí aquí en New York, aunque se lo explique y le dije que sólo mis padres era de Brasil no le importó.
Enseguida una sonrisa invade mi rostro al escuchar su saludo.
—Nilo, cariño jamás podría olvidarte— dije con una risita.
—Cuando me vas a dejar cuidar de esa melena hermosa y rizada que te cargas… ya que no me dejas cuidar de ti— dijo en broma aunque sabía que había verdad en sus palabras.
—Por ahora no tengo tiempo, pero pronto Nilo— Mon nos escuchaba hablar y se reía y me hacia señas obscenas.
—Dime algo, Cruela me necesita — exclama tan tranquilo. Es uno de los pocos que sabe como llamamos a Genoveva “bicth” white, ese es verdadero sobre nombre en la agencia, pero Con y yo le pusimos así entre nosotras.
De hecho mis llamadas hacía él, solo se deben a ese tipo de cosas.
—Sí, su última cita fue cancelada y te necesita— respondí como si nada.
—La voy a atender por que paga di vi no— dijo con su particular voz gruesa.
—Gracias Nilo, te debo un trago— dije sin pensar.
—Uno fuerte— me replicó enseguida.
—¡Hecho! — concluí.
Luego de colgar vi a Mon y esta se reía con suficiencia, a pesar de lo que muchos creen Nilo no es gay por tener uno de los mejores spa de New York por que, me ha pedido una cita desde que me conoció, a veces se le sale una venita de chico fashion, pero un día me dejó bien claro que no, que no era gay, yo le gustaba y que si lo dejaba me metía en su cama todos los días. Mis amigas aseguraban que si no le daba una alegría al cuerpo era por que no quería, por que bien dispuesto que estaba él y otros tantos.
Nos dejo a todas patitiesas incluyendo a Genoveva que ese día estaba allí, pero a Nilo le importó tres pimientos mientras se me insinuaba y yo me ponía de todos colores habidos y por haber.
