Capítulo 2 1

Skyler

Me he preguntado desde el día que murió qué es lo que le estarán haciendo a su desgarrada alma en el infierno. Me duermo por las noches pensando en su sufrimiento y me levanto creyendo verlo acostado a mi lado, mirándome fijamente y sonriendo. Mis días no han sido trágicos desde que dejé Hasser, durante casi un año la pérdida no ha tocado mi puerta ni la de mi familia, pero lo que perdí hace meses seguía doliendo como si hubiera sucedido ayer.

Me acosté en mi cama pensando en la monotonía de mis días, y maldije por tener que despertar temprano para el instituto. Desde que regresé a casa, estar con mis viejos amigos no se ha sentido de la manera que antes. Sentía que el vínculo que forjé con los White y Jason estaban a un nivel que con mis amigos humanos nunca conseguiría. Sabía que con Jason teníamos una relación grandiosa, pero no me había dado cuenta de que sentía a los White como parte de mi familia. También seguía siendo duro no pisar el mismo instituto y no ver las caras de aquellos vampiros y no tener las clases aburridas de Andrew.

Me sentía tan triste pensando en todo ello. Deseaba poder volver el tiempo atrás para disfrutar de aquellos momentos. Sí, la pasé mal mucho tiempo por el ser que era, pero esas desgracias me hicieron dar cuenta de quiénes estaban para mí y que había encontrado una familia con quienes no compartía lazos sanguíneos.

—Me voy a acostar, ¿estarás bien? —mamá asomó la cabeza por la puerta y me observó.

Fingí una sonrisa.

—Sí —me limité a decir y apreté fuerte la mandíbula para evitar llorar. Últimamente cuando alguien me preguntaba si me encontraba bien me daban ganas de llorar, y probablemente era porque estaba enloqueciendo en silencio.

Mamá no pareció creerme, pero también se limitó a sonreír, teniendo presente que presionarme no era bueno. Vi cómo pasó sus ojos de mí a los montones de grimorios que yo misma había dejado en el suelo desde hacía semanas, buscando la manera de regresar a Chase a la vida. Regresó su vista a mí, y supe que me quería decir algo más, pero terminó guardándoselo para ella misma y lo agradecí mentalmente. Cerró la puerta después de recordarme que me amaba.

Desde que descubrí en el ático todos esos montones de libros viejos y sucios, los tomé y los llevé hasta mi cuarto para revisarlos a todos. Eran como unos cincuenta y tantos, y todos tenían cientos de páginas y decían cosas que no llegaba a comprender del todo. Había pasando un mes y medio desde que lo hallé y recién iba leyendo el séptimo grimorio. Mis hermanos y mi madre intentaron persuadirme, decían que no encontraría nada que me ayudara, que sería una pérdida de tiempo y que terminaría desilusionada. No me importaron sus opiniones, no podía quedarme de brazos cruzados y pasar mis días como si nada, porque no hacer nada era la verdadera tortura.

No podía resignarme, y no quería olvidarme de Chase White. Si él estuviese aquí se enojaría conmigo por ser tan terca, pero no es terquedad lo que me llevaba a hacer estas cosas. Es el amor que le tenía. Y mi rechazo a pensarme con otra persona. No quiero salir adelante, no quiero olvidarlo, no quiero estar sin él. Vivo en un mundo sobrenatural, puedo sacar provecho de ello.

Sabía que en parte era hacerme daño a mí misma, y más sabiendo que en la escuela no me estaba yendo bien por centrarme más en estos grimorios que en las tareas diarias y en los exámenes, me daba esperanzas y una pizca de ganas de vivir. Con suerte, tal vez algún día, con mucho esfuerzo, encontraría algún hechizo capaz de ayudar a Chase. En ese caso, tendría que pedirle ayuda a mis hermanos porque, desde que asesiné a Chase, mi magia no ha estado funcionando normalmente. Mamá dice que puede tratarse de un bloqueo mental porque me siento culpable por que Chase entregara su alma a un demonio.

Cerré los ojos, me tragué el nudo en mi garganta, e intenté dormir.

Pero no lo conseguí.

Cuando miré el reloj eran las cuatro de la mañana. Solté una grosería y me acomodé del otro lado de la cama, pensando en el examen que tendría dentro de unas horas.

—¿Qué? Intento dormir —me quejé cuando alguien (seguramente Luke) tocó la puerta de mi habitación.

No obtuve respuesta.

—¿Qué? —alcé la voz con molestia.

—Te buscan —la voz de mi madre sonó fría y distante. Fruncí las cejas.

—¿Me buscan?

—Baja. Él te está esperando afuera.

—¿Él? Mamá, no he oído la puerta principal sonar y son las cuatro de la mañana. ¿Quién hace visitas a esta hora? —pregunté rodando los ojos.

—Baja. Él te está esperando afuera —repitió, exactamente de la misma manera que antes.

Me levanté, me puse las pantuflas, me abrigué y abrí la puerta del cuarto, esperando encontrarme con mi madre, pero ella ya no estaba. Encendí la luz del pasillo y bajé las escaleras tranquilamente. Cuando abrí la puerta principal, nadie me estaba esperando. Fruncí las cejas y observé a ambos lados.

La neblina y la poca luminosidad de la calle me causó un poco de escalofríos, por lo que cerré la puerta con llave nuevamente. O mi madre estaba loca, sonámbula o quien vino a casa decidió irse en vez de esperar a que bajara, pero no me había tardado tanto como para que perdiera su paciencia y decidiera irse.

Me di la vuelta y el corazón se me aceleró al ver a alguien parado detrás de mí, algo perdido entre la oscuridad. Me quedé helada, intentando adivinar quién era, pero no lo estaba logrando. Entreabrí los labios para hablar al mismo tiempo que la figura masculina daba un paso hacia atrás.

—¿Quién eres? —formulé, y por las dudas, también di un paso hacia atrás.

De repente e inesperadamente, un viejo florero de mi madre cayó al suelo haciendo un fuerte estruendo. Volví a asustarme y di otro paso hacia atrás, aun mirando al tipo que estaba frente a mí.

—¿Quién eres? —pregunté nuevamente—. ¿Eres tú quien ha venido a visitarme?

No respondió.

Y otro florero se cayó al suelo.

—¡Chicos! —llamé, bastante asustada. No sabía quién era ese tipo, ni por qué los floreros se caían, ni mucho menos por qué me visitaban a las cuatro de la mañana.

Esperé oír sonidos de pasos en las escaleras, pero la casa quedó en un inquietante silencio.

—¡Chicos! —llamé más fuerte, y aguardé unos segundos, sintiendo como esa persona me observaba desde lo oscuro, y otra vez nadie bajó a ver qué ocurría.

Una de las ventanas se abrió con brusquedad, como si un fuerte viento la hubiera abierto, y me quedé recalculando la situación. Me fijé en el hombre, pero al parecer ya no estaba frente a mí. Lo descubrí mirándome cerca del mueble en donde yacían las fotos familiares. Las luces de un auto se adentraron efímeramente por la ventana abierta, y pude ver el rostro demacrado de Chase.

El corazón me dio un vuelco y mis piernas empezaron a flaquear. Fue tan solo un segundo pero mantenía la imagen de las ojeras alrededor de sus ojos, de su palidez y su seriedad. También noté un poco de delgadez en su rostro. Y sufrimiento y oscuridad en sus ojos. Su entrecejo estaba fruncido y me miraba fijamente.

Sabía que esto no estaba bien, que Chase me miraba de esa manera por una razón nada buena, pero quería que otro auto pasara para poder verlo otra vez. Para colmo, la luz estaba lejos como para ir a encenderla.

—Chase —dije. No sabía si sentirme bien o mal, pero lo que sí sabía era que quería acercarme a él fuera o no fuera bueno. Sin embargo, me mantuve en mi lugar por mi seguridad—. Estoy soñando, ¿verdad? —pregunté, rogando por una respuesta.

—Pronto no.

Cerré los ojos con fuerza sintiendo cómo ese cosquilleo me recorría el cuerpo entero. Su voz... Dios, esa voz... Quería echarme a llorar. Escucharlo me trajo tantos recuerdos fuertes.

—¿Qué significa eso? —Quise saber. Esa respuesta suya me dio esperanzas.

Y no me respondió.

—Chase —pronuncié, y di un paso hacia adelante, dispuesta a ir hacia él, pero una fuerza me empujó y caí al suelo.

—No podrás detenerme —dijo Chase.

—¿Qué?

—La llevaré a donde pertenece. Donde todos los que hemos quitado vida debemos estar.

—¿De qué me estás hablando? —me levanté del suelo con miedo a que me volvieran a tumbar—. ¿Tú has hecho eso?

Chase se movió en la oscuridad y decidí seguirlo. Si esto era un sueño, sin importar lo que pasara, necesitaba sentir un abrazo suyo o, al menos, rozar sus manos. Estaba desesperada y las lágrimas se me caían. Crucé el pasillo detrás de él, y caminé por los lugares donde Chase pasaba, e iba sintiendo una sensación que no me estaba buscando. Sentí como si algo tocara mi piel y tirara de mi mano hacia atrás con insistencia, pero la fuerza fue disminuyendo y mi mente prefirió centrarse en Chase.

Bajó al sótano y, aunque no quise ir allí, bajé con él.

—Chase —lo llamé. Ahora podía verlo mejor porque él estaba al lado de la ventanita del sótano. La iluminación de la luna se adentraba en el lugar.

Se quedó callado.

—¿Por qué estás aquí?

—Quería verte.

Se me aceleró el corazón. Quise sonreír como estúpida, y eso que no sabía si él lo decía como algo bueno o malo.

—Ya vas a despertar.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque lo sé —respondió—. Volveré, Skyler. Volveré a la Tierra. Pronto nos vamos a ver —lo dijo de una manera tan tranquila que, por un momento, casi camino hacia él para besarle.

—¿Cómo es eso de que vas a volver? —mi voz demostró la esperanza que sentía después de sus palabras.

Cerró sus ojos con fuerza, se frotó las sienes con una de sus manos y, con la otra, se tomó del pecho mientras soltaba quejas de dolor. Me miró un momento.

—Contesta el maldito teléfono —pronunció adolorido y, en parte desesperado.

—¿El teléfono? —Ningún teléfono estaba sonando—. Chase, ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? —me acerqué a él, y quise tocarlo, pero otra vez esa fuerza me empujó y caí al suelo, lejos de él.

—Contáctame. Haz el hechizo de la otra vez.

Quise contestar, pero desperté asustada y oyendo el sonido de mi celular sonar. Mi alrededor estaba bastante oscuro, pero podía ver y reconocí el lugar. Estaba en el sótano. En el mismo lugar en donde caí al ser empujada.

Asustada, me levanté y salí corriendo a la sala, donde encontré los jarrones rotos y la ventana abierta. No entendía nada. ¿Había estado soñando o esto realmente había pasado?

Las luces de la sala ahora estaban encendidas, y mis hermanos y mi madre estaban allí presentes, mirando el desastre y con expresión de sorpresa. Ignoré sus miradas mientras pensaba en la llamada que Chase dijo que contestara, y legué a mi cuarto, y tomé mi teléfono. Era una llamada entrante de Jason.

—Jason —hablé.

Algo estaba pasando.

—Skyler, sal ya de esa casa.

—¿Qué?

—Chase está ahí.

—¿Qué?

—El espíritu de Chase está ahí —sonaba desesperado. ¿Cómo podía Jason saber eso?—. Y quiere hacerte daño.

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