Capítulo 4 3
Skyler
Saludé a la madre de Jason y me senté en la sala a esperar a que mi amigo buscara sus cosas. No era necesario que lo acompañara hasta su cuarto porque no se iba a demorar lo suficiente. Noté que su madre me miró de forma extraña y me hice la tonta. Estaba poniéndome incómoda y comenzaba a creer que hubiese sido mejor que acompañara a Jason.
Me hice la tonta y busqué mi teléfono en mi vieja chaqueta, y fingí que tenía mensajes nuevos por responder. Abrí una conversación vieja con Luke y la leí hasta que la mujer se sentó a mi lado. Ahí no me quedó otra que mirarla.
—¿Pasa algo? —dejé escapar de mis labios.
—Siento si te incomodo, pero Jason me ha contado lo que ha pasado —dijo—. El por qué estás aquí de nuevo.
Me puse colorada.
—No voy a juzgarte, si es lo que piensas.
—Qué bueno, porque es lo suficientemente vergonzoso.
—Yo entiendo por qué lo hiciste —tomó mi mano.
—¿Ah, sí?
—Lo extrañas muchísimo. Y si metiste la pata, no es completamente tu culpa, es de tus hermanos y tu madre. No tengo nada en contra de ellos, pero si tú fueras mi hija, te diría todo lo que tienes que saber para luego no tener que enfrentar situaciones como estas. Te pusiste en peligro porque no sabías que lo hacías.
—Yo no lo hice de mala o de caprichosa —la miré fijamente. Ella parecía creerme y saberlo, pero yo sentía la necesidad de dar una explicación o de decir que mis intenciones no fueron malas, solo desesperadas.
—Te ves preocupada.
—Jason me ha explicado mejor las cosas. Diría que estoy preocupada pero también confundida.
—Con Jason intentaremos encontrar alguna manera de brindarte ayuda. Eres su amiga, él te quiere mucho.
—¿De qué hablan? —Jason bajó las escaleras.
—De que ella puede contar conmigo para encontrar soluciones.
Jason sonrió.
—Eres tan buena, ma —besó su mejilla y me observó—. ¿No vamos, Sky?
Afirmé.
—Gracias —dije mirándola. Me sonrió.
Nos despedimos de ella y caminamos hacia el auto. Me alegraba de que lo dejaran llevárselo porque no tenía ganas de caminar hasta mi casa. No era un camino tan lejano, pero mi falta de ganas me superaba un poco.
—Ella no sabe nada sobre lo otro, ¿o sí?
—¿Sobre lo que eras? —preguntó Jason.
—Sí.
—No, obvio que no lo sabe —arrancó el motor—. No te haría eso a ti. Te quiero.
—Si ella lo supiera, ¿crees que se enojaría?
Se quedó callado.
—Jason —insistí, mirándolo.
—¿Quieres que te sea sincero?
Dudé.
Eso significaba que la respuesta no era positiva, pero aunque me diera un mal sabor de boca saber la respuesta, terminé asintiendo con la cabeza.
—Estoy un noventa por cierto seguro de que te delataría con la asociación y haría que toda tu familia, incluyendo los White, paguen. Y les daría ideas oscuras para hacerlos sufrir a todos. A ti y a los que te protegen.
Me quedé con la boca entreabierta.
—Es que todos los días me queda un día menos de vida, y eso es por la abominación.
—Auch —bromeé. Más o menos.
—Me refiero a que, si le digo que eras tú, te delatará porque el dolor la cegará. Soy su hijo y he salido afectado. Es un poco comprensible.
—La entiendo, está bien.
—Nunca lo sabrá, de eso puedes estar tranquila.
—Lo estoy —respondí, y me puse a pensar en cómo me sentiría si su madre llegaba a descubrirlo y me delataban.
Durante el camino a casa, le pedí a Jason que se desviara de destino. Había algo que quería hacer. Cuando quedé en salir hoy con Jason planeé visitar la tumba de Chase al día siguiente, cuando estuviera sola. Pero su recuerdo se volvió insistente en los últimos minutos, y el echarlo de menos y las ganas de sentirlo más cerca me hicieron pedir ir al bosque, al árbol donde lo enterramos.
Él siempre tuvo un aferramiento con ese árbol, y en los últimos tiempos, por más que no estaba en el pueblo, yo también me sentí aferrada a él. Probablemente porque Chase descansaba ahí. Cuando él vivía a mí no me agradaba ese lugar, me daba miedo, y después de que un cazador terminara dándome un balazo, no era para menos. Pude morir de no haber sido por que Chase me llevó rápidamente al hospital. Pero cuando decidimos enterrarlo en su lugar seguro, en ese sitio donde él iba a buscar paz, tranquilidad y soledad cuando se enojaba o se sentía frustrado, mi parecer cambió.
—¿Quieres que baje contigo? Así no te metes sola en el bosque. Falta poco para que empiece a oscurecer.
—No, prefiero ir sola. Tengo cosas de las que hablar con Chase. Sería incómodo si tú estuvieras ahí metido.
—¿Y si te pierdes?
—Conozco el camino.
—No lo has visitado desde año y medio, puede que se te haya olvidado.
Sonreí.
—Estaré bien.
Jason dudó un poco pero terminó aceptado.
—Te esperaré un poco más adelante, ten cuidado.
Me bajé del auto y, sosteniéndome de la puerta, me incliné para ver a mi amigo.
—Bueno, pero si no regreso en cuarenta minutos, es porque sí me perdí -—le dije, preocupándolo.
—Eso no me deja tranquilo.
—Era broma —contesté—. Volveré en un rato.
—¡Ten cuidado!
—¡Sí! —alcé la voz.
Recorrí con cuidado el interior del bosque, y por momentos me arrepentí de no haber aceptado la compañía de Jason. El lugar no estaba oscuro, aún había bastante sol alumbrando los rincones de los alrededores, pero me sentía algo extraña, como si alguien estuviese viéndome. Intenté pensar en alguna cosa bonita para no alterarme.
A los lejos podía ver la lápida de Chase, que se iba haciendo más grande para mi vista a medida que me acercaba. Cuando estuve frente a ella me quedé parada, calculando la situación, calculando el tiempo, y recordando lo del pasado. El nudo llegaba hasta mi garganta haciéndome doler, y las lágrimas se asomaban con ímpetu. Solté un suspiro profundo y cerré los ojos, intentando calmar mi dolor. No quería llorar, quería poder hablar un momento con Chase y poder sentir como si estuviera viéndome y respondiéndome.
Las lágrimas sí cayeron, pero no permití que los sollozos escaparan. Terminé sentándome en el suelo, jugueteando con un pedazo de pasto arrancado y mirando su nombre en la lápida. Estaba un poco sucio, y me arrepentí de no haber pensando en esta posibilidad y traído un trapo para quitar la tierra de la lápida.
—Hola, Chase. Vine a verte —sonreí débilmente, y le dije a mi mente que le diera a mi garganta la señal de mantener encerrados los sollozos.
«Hola, nena», imaginé que me decía.
—Siento no haber venido antes, quizá pienses que te he olvidado o abandonado, pero no. Te sigo amando como hace un año atrás, o puede que te ame aún más... Me haces tanta falta, Chase. No te imaginas —me limpié una lágrima—. Sé que a ti no te gusta que llore, y quiero dejar de gotear lágrimas, pero se me hace sumamente difícil porque me sigues doliendo demasiado —le confesé, aún sintiendo que estaba a mi lado, mirándome, hablándome, y consolándome—. Tengo muchas cosas que contarte, cosas que han pasado: primero que todo, cuando regresé a mi casa, las cosas no estaban nada fáciles. A mamá se le complicó poder conseguirse otro trabajo, y pagar las cuentas y llegar a fin de mes. Ryan consiguió trabajo para ayudar a mamá, uno de medio tiempo por la universidad, pero tuvo que dejarlo porque el estrés le provocaba desmayos, le hacía mal. Luke quiso enfocarse completamente en el fútbol para conseguir una beca, así que yo tomé la decisión de trabajar en un local de ropa cerca de casa, pero terminaron echándome porque mi mente constantemente estaba en otra en otra cosa: estaba en ti. Pero, en cierta parte, fue un alivio, porque allí me trataban muy mal, se creían más que yo y eso no me gustaba nada. Si tú hubieras estado ahí sé que hubieras amenazado al dueño con matarlo o lo hubieras intimidado —me reí un poco, aunque mucha gracia no tenía la situación. Era enfermo amenazar a una persona con matarla, pero estaba tan sumergida en el dolor de la pérdida, que esas cosas que odiaba de Chase me hacían recordarlo con ternura. Joder—. Luke terminó consiguiéndose un trabajo en un gimnasio, uno en que consistía en ordenar y limpiar las pesas, colchonetas, etcétera. Él se ha centrado mucho en mejorar su vagancia, sus pocas ganas de estudiar y demás, y nos ha sacado adelante a los cuatro, junto a mamá. Mejoró sus calificaciones, no son exageradamente buenas, pero tiene bonitas notas. Mamá y los chicos se adaptaron muy bien al regreso, pero a mí me costó mucho porque, sin darme cuenta, ya me había aferrado bastante aquí, a Hasser. Tú odias este lugar, lo sé, te parece aburrido, hay muchos chismes, gente metida, y tenías una mala reputación, así que te preguntarás: ¿por qué aferrarse a un pueblo así? Bueno, pues, si esa es tu pregunta, la respuesta es por todo lo que he vivido aquí. Sí, la he pasado como el culo, me ha tocado enterarme de cosas que a veces prefiero no saber, pero también te conocí a ti, también estuve en el pueblo donde nació mi madre, estuve cerca de mi familia a la cual amo, conocí a mi mejor amigo, conocí a los pesados pero buena gente de tus hermanos... Tal vez mis ojos se destaparon y entendí cosas que antes no había podido creer, pero el paso que di en Hasser hace tiempo atrás, también fue hermoso. ¿Entiendes?
«Lo entiendo», su voz sonó en mi mente.
Cuánto lo necesitaba.
—Durante todas las noches me ponía a llorar por lo mucho que echaba de menos todo. Soy una persona muy nostálgica y tú sabes eso. En el instituto quería llorar cada que veía a mis antiguos amigos, porque ellos no eran Jason, o Nate, o Zach. Y los profesores no eran Andrew, y no había ningún Sam tan malhumorado y déspota y mucho menos un vampiro bipolar llamado Chase White. En Hasser sufrí pero fui feliz. Y no me di cuenta. Me gustaría regresar el tiempo atrás y disfrutar de cada uno de esos momentos. Es algo que necesito... —esnifé y arranqué otro poco de pasto para juguetear-. Hoy he regresado por un motivo bastante inquietante. Y es que el tú sin alma me persigue gracias a un error que cometí, hice un hechizo incorrectamente y este es el precio que tengo que pagar. Pero, ¿sabes una cosa, Chase? Anoche, cuando te vi en mis sueños, una parte de mí se sintió tan bien... Verte, por más que realmente no fueses tú, me gustó. Ya me estaba olvidando del sonido de tu voz... —derramé unas cuantas lágrimas—. Lamento haberte matado, Chase. Y espero que ese hechizo que hice no esté causándole problemas a tu alma... Me sentiría tan culpable de ser así.
Me froté los ojos y permanecí en silencio, mirando la lápida con atención. ¿Y si su alma estaba sufriendo peores cosas a casusa del hechizo que hice?
—Tu cabello sí que está largo —oí que dijeron a mis espaldas y pegué un salto desde mi lugar.
Me di la vuelta y ahí estaba él. Nate.
—¡Nate! —casi grité y salté hasta sus brazos con emoción. Me recibió entusiasmado y sonriente.
—Pequeña Skyler, ha pasado tiempo.
—Te eché tanto de menos —seguí abrazándolo. Mis pies aún no tocaban el suelo.
—Estás tan hermosa —me dejó sobre el suelo—. ¿Y más alta?
—Crecí dos centímetros.
—¡Bienvenida al metro sesenta y uno!
Jason dijo exactamente lo mismo.
—Me siento igual a cuando medía un metro cincuenta y nueve.
—Bueno, pero al menos sabes que has crecido —se rio nuevamente y me miró de pies a cabeza para luego darme otro abrazo—. Te extrañé mucho —repitió.
—Yo también te he echado de menos.
—¿Hace cuanto volviste?
—Hoy.
—¿Y por qué no me avisaste? —preguntó.
—No sabía que tú regresaste al pueblo. Además, hace tiempo no hemos hablado.
Asintió haciendo una mueca. Besó mi coronilla sin dejar de abrazarme.
—Es cierto. No te lo dije. Han sido tiempos difíciles.
Ni que lo digas.
—¿Cómo sabías donde encontrarme?
—No sabía. Vine a visitar la tumba de mi hermano.
—¿Por qué has regresado? —pregunté.
—Me siento bastante aferrado a este lugar.
—No eres el único.
—¿También regresaste por eso?
Me separé de él, pero sin dejar de hacer contacto físico con Nate. Negué.
—Tenemos cosas de las que hablar.
